RESTOS
HUMEANTES DE LAS 22 VIVIENDAS INCENDIADAS EL 27 DE FEBRERO DE 1961.
Por Virgilio Gautreaux P.
Hace ya 53 años-el 27 de Febrero de 1961-la patriótica
comunidad de Cabral desde tempranas horas de la mañana se aprestaba a celebrar el
117 aniversario de la independencia nacional. Con el amanecer se escucharon en
todo el poblado las hermosas notas musicales que entonaba la Banda de Música
local, anunciando el inicio de la jornada cívica que durante todo ese día
realizaría la sociedad cabraleña. Desfiles estudiantiles y discursos en el
Ayuntamiento, marcan la jornada matutina. Es en medio de este escenario, que se
produjo la tragedia que comentamos.
En la mañana del 27 de Febrero del citado año, un
grupo de parroquianos disfrutaba alegremente en un bar de la localidad, cuando a las 11:30 de la mañana, se agotó el
combustible de la planta de energía
eléctrica del centro de diversión. Entonces el señor Manuel Erasmo Castillo-mecánico
encargado de manipular el motor de la planta-al intentar alimentar de gasolina
el tanque, el equipo estaba muy caliente, razón por la cual se produjo una
explosión y grandes llamaradas que rápidamente asolaron el lugar.
El mecánico declaró luego lo siguiente: “salí huyendo como una antorcha encendida y revolcándome
en la tierra me apagué. Empecé a gritar y
vi cuando las casas se incendiaban y se extendía el fuego a las demás casas vecinas. Es la primera
vez que veo un fuego de tan grandes proporciones.”
Castillo recibió quemaduras de segundo grado en la
pierna derecha. La casa donde estaba el bar quedó completamente destruida. El
bar era propiedad del Sr. Onofre Alba hijo. La vivienda donde estaba ubicado en
centro de diversión era de la señora María Féliz viuda Medina. El sitio se
localizaba en la calle Presidente Trujillo, esquina Presidente Báez (dos dictadores).
El siniestro incendió 26 viviendas y sus anexos.
También se quemaron la mayor parte de
los ajuares de dichos hogares. Para evitar la expansión del fuego, fueron
destruidas tres casas más. Las pérdidas fueron estimadas en unos RD$ 26,000,
sin incluir los ajuares. Todas las casas eran de madera, techadas de zinc y
palma.
Los bomberos de Cabral-comandados por el 1er. Teniente
Víctor N. Matos y las autoridades civiles se hallaron impotentes para dominar
el fuego, teniendo que llamar a los bomberos y las autoridades de Barahona. Tan
pronto se supo la noticia, la sirena del Cuerpo de Bomberos barahonero, fue
activada en varias ocasiones, alarmando la población y activando los miembros
de la institución que estaban en sus viviendas, quienes rápidamente se dirigían
al Cuartel General. También llegaron centenares de voluntarios.
El primer viaje del camión de los bomberos de Barahona
llegó al lugar del fuego a las 12:15 de la tarde. Luego realizó varios viajes a
Cabral transportando bomberos y civiles, así como picos, cubos para agua,
hachas, machetes, etc. El siniestro fue sofocado a las cinco de la tarde. A
consecuencia de los múltiples viajes, al camión se le quemó la junta de la
culata.
Numerosas personas de Cabral tuvieron que ser
atendidas con síntomas de asfixia. Algunos accidentados recibieron atenciones
médicas en el hospital Jaime Mota de Barahona. El señor Síndico de Cabral-Rafael Medrano-declaró
que estaba combatiendo el fuego y en la lucha notó que le faltaba la
respiración. Un bombero lo sacó entre los escombros. A consecuencia de la excitación
general que provocó la tragedia, falleció de un ataque al corazón la señora
Leonarda Espinosa.
AUTORIDADES
CIVILES Y MILITARES DE CABRAL Y BARAHONA DIRIGEN CON EMPEÑO LAS ACTIVIDADES
PARA EXTINGUIR EL FUEGO EL 27 FEBRERO 1961
Las personas que resultaron damnificadas a raíz del
incendio fueron José D. Féliz, Eugenio Féliz, Otilia Féliz, Cruz Emilia
Rodríguez (Negra), Juan B. Alcántara, Edilio Alcántar, Sinforoso Ferreras,
Leonte Ferreras, Rosa Sánchez, Ricardo Béz, Andrés Medrano, Manuel Medina,
Francisca Féliz, Colasina Ferreras, Federinda Ferreras Báez, María de Jesús
Féliz, Soledad Báez, María Féliz, Doralinda Gómez, Adolfo Medrano, Eugenia Díaz
y Augusta Féliz.
Entre las autoridades que estuvieron en el lugar del
siniestro se hallaban el Gobernador provincial, Guaroa Vásquez Acosta, el Teniente
Coronel y Jefe del Cuerpo de Bomberos de Barahona, Pablo Cavallo; Mayor Miguel
A. Corominas y Capitán Vinicio Fernández, ambos de la Aviación Militar
Dominicana; de la Policía Nacional acudieron el Mayor Félix Troncoso Aristy y el
Capitán Juan Sánchez Ramírez. También estaba el Síndico de Barahona, Ángel
Augusto Suero. De Cabral habían varios funcionarios
locales y de comunidades vecinas.
El fuego fue alimentado por la madera y la palma de
los techos de las viviendas, a lo que sumó una fuerte brisa. Sólo la gran
sinergia de fuerzas desplegada por los bomberos de Cabral y Barahona, junto a
centenares de voluntarios, impidió que la tragedia adquiriera mayores proporciones.
Durante muchos años la gente de Cabral recordaba este
dramático suceso, hasta que otro gran incendio ocurrido el 6 de Agosto de 1981 destruyó 200 viviendas en el barrio La Peñuela
de aquella ciudad. Sobre esta tragedia escribió
un importante reportaje en el 2011 el intelectual e historiador cabraleño
Werner Féliz, el cual le invitamos a leer.
A más de cincuenta años del incendio de aquel lejano 27
de Febrero de 1961, son numerosas las personas que aún recuerdan este siniestro, el cual-por su magnitud-captó la
atención de la población de la región. Hay que tener en consideración que
muchos de los que combatieron este incendio arriesgaron sus vidas. Hubo verdaderas muestras de desprendimiento y
solidaridad sureña.
Fuentes:
Revista EL BOMBERO- Santo
Domingo, Enero-Marzo 1961
Conversación con el Sr. Anselmo Peterson, Ex Jefe del
Cuerpo de Bomberos de Barahona.
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch
Siete cabraleños han jugado en las Ligas Menores de Estados Unidos.
Por Yassír Féliz
Luego de darle seguimiento día a día en la pasada temporada 2013 al lanzador derecho de los Stockton Ports (Atléticos de Oakland), Raúl
Alcántara, decidí hurgar durante meses entre archivos y hacer una recopilación
de los peloteros nacidos en Cabral que han visto acción en las Ligas de béisbol
profesional de Estados Unidos.
A pesar de que Cabral ha sido un pueblo con una historia de beisbol
bien acentuada, hasta el día de hoy, sólo 10 cabraleños han sido firmados por
un equipo de grandes ligas, siendo el pionero Manuel Féliz (Sigá), luego siguieron Janeiro Féliz, Bernardo Cuello (Quico), Linardo Díaz, Rafael Féliz
Gómez, Andri Urbáez Gómez, Wilson A. Batista, Raúl Alcántara, Henry Martínez y
José Báez. Con excepción de estos dos últimos (firmados a finales del años
pasado) y Bernardo Cuello (Quico), todos han jugado en los Estados Unidos de
América, más ninguno ha llegado a Grandes Ligas.
Manuel Féliz, mejor conocido como Manuel Sigá, fue el lanzador firmado por los
Cardinales de San Luis, pero su paso por el beisbol organizado fue muy efímero.
Vio acción sólo en la temporada de 1971 en la Gulf Coast League, participando en
4 juegos y presentando un record de 0 victorias, 2 derrotas, 0 salvados, 5
ponches, 2 bases por bolas y 8.00 de efectividad en 9 entradas.
Diecisiete años después, en 1988, el intermedista Janeiro Féliz debuta en la sucursal de novatos Gulf Coast League de los Piratas de Pittsburgh. Durante 3 años jugó en las ligas menores con los Piratas y luego jugó un año en la Liga Independiente (1995) con los Yonkers. Durante esas cuatro temporadas participó en 147 juegos, donde agotó 329 turnos en los que bateó para promedio de .279, conectó 49 hits, 11 dobles, 2 triples, 2 jonrones, 25 impulsadas, 43 anotadas, 5 bases robadas. En la Liga Independiente, Janeiro tuvo la oportunidad de batear y lanzar, obteniendo record como lanzador de 1 victoria sin derrotas, 10 ponches, 9 bases por bolas y efectividad de 2.53 en 21.1 entradas. Su última temporada fue en 1995.
Linardo Díaz, firmado por los Fillis de Filadelfia, debutó con Martinsville en 1993 y se convirtió en el 3er. cabraleño en jugar en ligas menores. El jardinero izquierdo vio acción en 3 temporadas participando en 133 juegos, bateando para .227, agotó 388 turnos, 88 hits, 12 dobles, 3 triples, 6 jonrones, 42 impulsadas y 38 bases robadas. Su última temporada fue en el año 1995.
Cuando compilado de Manuel Féliz y Rafael Féliz en el beisbol organizado.
El lanzador derecho Rafael
Féliz Gómez, firmado por los Mets de Nueva York, debutó en la Gulf Coast
League en 1997. Participó durante 4
temporadas, viendo acción en 57 juegos en los que obtuvo 8 victorias, 6
derrotas, 7 juegos salvados, 89 ponches, 43 bases por bolas y 4.35 de efectividad
en un total de 120 entradas. Participó en el beisbol organizado hasta el año
2000.
En 2002, Andri Urbáez Gómez debuta con los Ogden Raptors, una sucursal de los Cerveceros de Milwaukee. Tuvo una experiencia acumulada de sólo dos temporadas jugando como intermedista. Compiló en 102 juegos los siguientes numeritos: 331 turnos, .257 de promedio, 85 hits, 12 dobles, 3 triples, 2 jonrones, 52 anotadas, 31 impulsadas y 17 robos. Se alejó del beisbol en el año 2001.
Wilson Batista, el rey de todos los records y el más duradero en el beisbol.
Wilson Batista debutó en 2003 con Kingsport de los Mets de Nueva York. Es el cabraleño que posee la más dilatada y prolífica carrera en el beisbol. Aunque desde hace 6 temporadas juega en la Liga Independiente, Batista jugó 5 temporadas en los circuitos menores, llegando en 2007 a la sucursal de los Mets en AAA, los Zephyrs New Orleans. En un total 11 temporadas, ha participado en 958 juegos, agotando 3,659 turnos, promedio de .276, 1,009 hits, 188 dobles, 20 triples, 74 jonrones, 540 anotadas y 470 anotadas. En la actualidad juega como segunda base titular del equipo York Revolutions en la Liga del Atlántico del circuito Independiente.
Cuadro estadístico de la participación de bateadores cabraleños en Ligas Menores.
¿El
fenómeno que no puede fallar?
Raúl Alcántara es sin lugar a dudas, el pelotero nacido en Cabral con la inequívoca etiqueta de “no puede fallar”. Fichado con un bono de US$500,000 el 2 de julio del 2009 por el scout Manny Nanita para los Medias Rojas de Boston, Alcántara debutó en 2010 en la Dominican Summer League. Fue cambiado a los Atléticos de Oakland al final de la temporada de 2011. Durante sus 4 temporadas acumula los siguientes números: 80 juegos jugados, 384.2 entradas lanzadas, 24 victorias, 24 derrotas, .351 de efectividad, ha permitido 385 hits y 24 jonrones, otorgado 82 bases por bolas y 265 ponches. En esta temporada 2013 jugando con los Beloit Snappers y Stockton Ports (Clase A+) finalizó con los siguientes números: 12 victorias, 6 derrotas y efectividad de .311, ponchando 124 bateadores y otorgando solo 24 bases por bolas en 156.1 entradas.
El Scooting Report del website Scooting Book a inicios de temporada
2013, se refería a Raúl Alcántara como un lanzador con material de primera que
él todavía está aprendiendo a controlar. Además de un poseer un gran talento natural, tiene un cuerpo casi
perfecto y parece mostrar una gran habilidad para aprender entrenando, una
habilidad que no muy común entre los jóvenes. Aunque dice no estar seguro de
que quedará como titular, Alcántara podría beneficiarse del enfoque inteligente
de los Atléticos para desarrollar sus lanzadores, por lo que aun en el peor de
los casos, el mismo se convertiría en una sólida pieza del bullpen, en apenas
un par de años.
Finalizo diciendo que luego de hacer un recorrido histórico y actual
por los representantes de Cabral en el beisbol organizado, analizando que
Wilson Batista está, a sus 32 años de edad, jugando en la Liga Independiente, Henry Martínez y José Báez fueron firmados recientemente, mirando que Raúl Alcántara a sus escasos 21 años de edad está considerado como el
prospecto no. 3 en el ranking de los Atléticos de Oakland y no.7 entre los prospectos de Regla 5 de toda Grandes Ligas, me hago la siguiente pregunta, ¿será Raúl Alcántara el primer
cabraleño en llegar a Grandes Ligas?.
¿Qué opina usted?
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch
El crecimiento de las poblaciones y su evolución económica trae consigo el desarrollo y urbanización de los pueblos.
Para los que viven en el lugar, la estructura y organización urbana responden a su realidad, al momento en que discurre el devenir social.
Esas nuevas realidades se van proyectando hacia el futuro y terminan por transformar esos espacios territoriales poblacionales, los cuales son asumidos por las nuevas generaciones, quienes imponen sus propias realidades.
Por ejemplo, la Discoteca D' Rumba, fue otrora un solar baldío, el cual, en las décadas del 40 y 50 se convirtió en un sitio de práctica de Voleibol, posteriormente, allí se construyó una vivienda, la cual fue demolida y pasó a ser la edificación que hoy conocemos. Ese espacio es, para nuestros padres y abuelos, “donde se practicaba voleibol” y para los jóvenes actuales, a partir de los cambios que de seguro surgirán con el paso del tiempo, será “donde estaba la Discoteca D' Rumba”.
Centro del pueblo: ¿Cuál y qué es el centro del pueblo?
Para contestar esta pregunta, hay que remontarnos a analizar la evolución histórica del casco urbano.
Hacia 1920 el pueblo de Cabral tenía 1705 habitantes. Si bien en el momento no se había definido legalmente su división territorial, en los hechos la poseía. En ese año una calle, la del Comercio (hoy Duarte) dominaba el escenario y marcaba el espacio comercial, pero por entonces no había un centro específico del pueblo, un parque, ni los lugares de servicios municipales y religiosos estaban concentrados, no existía la organización actual alrededor de este centro de esparcimiento, característicos de los pueblos del país.
Por entonces, cuatro calles rodeaban lo que se consideraba el centro urbano: Presidente Báez, Comercio, San Andrés y Callejón Florencio Urbáez (hoy Calle Independencia) y dentro de ellas unas pocas callejuelas y caminos. El trillo de los Sáez, donde iniciaba el barrio El Llano, era poco más que un caminito lleno de malezas y tocones, al igual que el que comunicaba con El Majagual, conocido entonces como calle de La Isabela. Frente a esta importante y emblemática cabeza de agua funcionaba por entonces una curtidora de pieles, conocida como La Tenería, de la cual se conserva alguna pared.
En este primer cuarto del siglo XX, etapa de definición del primero Cantón Cabral y luego designado municipio, este centro poblacional solo poseía tres barrios: El Pueblo Abajo, el Pueblo Arriba y El Llano, los tres con casas aisladas y desorganizadas y sin definición concreta de calles.
Esta organización devino, en el primero, a partir de 1959, con la construcción del barrio en aquel sitio, denominado SAVICA, por la compañía que lo construyó, el segundo, como en la actualidad se observa, solo tiene una calle que cruza y el tercero adquirió su fisonomía en 1974, con la construcción del barrio.
Alrededor de este espacio que constituía el centro del pueblo estaban las secciones, como La Peñuela, Majagual y Tierra Blanca (Los Botaos y El Guayuyo). En realidad, eran lugares, con cierto nivel de lejanía, principalmente La Peñuela y Tierra Blanca. Los habitantes de estos barrios, con ciertos apellidos y características, de los que hablaremos en otra ocasión, se consideraban a sí mismos como habitantes de sitios fuera del pueblo, al punto que, cuando se trasladaban a los comercios expresaban “voy pal pueblo”, lo que todavía aún se dice. De hecho, estas gentes eran excluidas de las sociedades y de las instituciones del “pueblo”, como el caso de los clubes y el ayuntamiento.
El crecimiento de la población en los primeros 60 años del siglo XX impulsó cambios en la organización territorial. De hecho, desapareció la sección La Peñuela, integrada como zona suburbana al pueblo y El Majagual se fusionó con Tierra Blanca en 1956 (por la ley 4400).
En el 1959 hubo una nueva organización que integró a las secciones Tierra Blanca, Majagual y Naranjo a la sección Tierra Blanca y Naranjo pasó a ser, en los hechos, su cabecera. Un análisis concreto nos lleva a concluir que en realidad Majagual, Los Botaos, Guayuyo y Naranjo son legalmente parajes de Tierra Blanca, sin embargo, en los hechos, Los Botaos, Majagual y Guayuyo, son barrios.
El crecimiento poblacional y urbano del pueblo, que elevó el número de sus habitantes de cuatro mil y tantos en 1970 a casi quince mil en 2014, ha provocado que las antiguas secciones, hoy barrios y las vías que comunicaban con ellos estén copados de viviendas y se hayan fundido completamente con el antiguo “casco urbano” o centro del pueblo, al punto que “El Centro” se haya convertido en un barrio más del pueblo no el pueblo mismo o zona urbana, con las antiguas secciones como zonas suburbanas.
Ante el crecimiento y ampliación de la zona urbana y la definición mental y abstracta del centro, es plausible comenzar a delimitar el espacio de la población que constituye la zona central del pueblo, ya no basado en criterios territoriales legislativos, sino en el accionar social y administrativo de la población, esto es, la zona que acoge al parque y su sus adyacentes.
La ampliación subjetiva abarcaría la consideración de los habitantes, principalmente aquellos integrados a dicha zona con mayor presencia y preponderancia. Para hacerlo hay que comenzar a desplazar los espacios y asumir, como en Santo Domingo de Guzmán, un polígono central, que podrá abarcar, no ya desde las calles arriba señaladas, lo que dejaría fuera del “centro” comercios y edificios importantes, sino hasta donde las actividades se presenten más integradoras.
Hay que proponer, por ejemplo, que dicho espacio abarque desde La Javilla hasta la Esquina Caliente y desde la calle Sáez hasta La Isabela.
El área que delimitamos ya no la llamaríamos el Centro de la Población, sino el polígono central del pueblo, quedando dentro de él los principales comercios, edificios públicos y lugares emblemáticos.
La decisión debe tomarla el ayuntamiento, la cual es necesaria para los fines de la reorganización urbana y toponímica del pueblo de Cabral.
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch
Patrimonio Cultural del Municipio de Cabral y de la República Dominicana
Por Werner Darío Féliz
Al marcar las doce de la media noche del Viernes Santo, en Cabral, en la región Suroeste, el silencio nocturno es roto por el estridente sonido de un látigo. En las calles semi oscuras puede verse salir de entre las sombras a unas figuras con disfraces con alas de murciélagos y caretas multicolores adornadas por musicales cabelleras de papel vejiga. Es una madrugada que la gente duerme y entre sueños escucha el feliz repiquetear de los fuetes y sabe que al despuntar el alba cientos de adultos y niños poblarán cada rincón de ese pueblo, en una alegre y poco explicada fiesta que se extenderá por tres hermosos días, aquellos en que Las Cachúas dominarán el escenario.
Esta es una celebración que traspasa el tiempo y la memoria de los ancestros, sin que nos hayan legado cuándo y cómo inició; nuestros viejos, como Belisario Féliz, solo nos dicen que a su niñez ya Las Cachúas tenían años de existencia. Lo que si sabemos que esa cachúa del siglo XXI, la que ha sobrevivido a los siglos, ha evolucionado, tanto en el disfraz, la careta, los días de celebración, como en su comportamiento social.
Hay que repetir que hasta ahora el origen de Las Cachúas es completamente desconocido. Los documentos que han llegado hasta nosotros relativos a la región, producidos en el siglo XIX y en la primera mitad del XX, no mencionan la celebración y aun los pocos que existen en el ayuntamiento de Cabral no hacen referencias a ellas. De allí que la reconstrucción de su devenir histórico-social ha sido posible gracias a la dilatada tradición oral.
Se ha sostenido que Las Cachúas tienen un origen afro, y así fue demostrado por el sacerdote sairense Pedro Muamba Tujibikile en su trabajo Las Cachúas, publicado en 1992. Él analizó el significado de cada elemento que compone su disfraz, careta y fuete, sus colores y formas, asociándolo con las culturas africanas. Nosotros, aceptando la opinión de nuestro sacerdote, hemos lanzado la hipótesis, en el libro Historia del Pueblo de Cabral, de que su origen hay que buscarlo en las costumbres de los cimarrones del maniel de Neiba, asentados en Los Naranjos en 1791 e integrados a Rincón a partir de 1810. Todo indica que muchos de ellos se integraron al sitio Los Botaos. Así, tal vez nuestras Cachúas surgieran de allí, y sean más bien Cachúas botaeras.
Las referencias orales indican que en los primeros años del siglo XX Las Cachúas no tenían mucha definición, no se recuerda a plenitud la forma del disfraz y es sabido que algunos se cubrían el rostro con cueros de chivo o de res y caparazón de hicoteas, otros construían las caretas en madera e incluso se llegó a emplear el cráneo de algún animal, incluyendo el caimán, muy común en la laguna de Rincón. Estos eran implementos naturales propios de la región.
La opinión común más socorrida es que los cambios en Las Cachúas fueron introducidos por el inmigrante puertoriqueño-bayamonense Ramón Suárez Rodríguez, quien arribó al pueblo aproximadamente en 1902 y se naturalizó dominicano en 1903. Ramón Suárez era un habilidoso y creativo ebanista-carpintero-albañil, quien poseía divinas manos para tallar maderas. Aunque tal vez muy pocos trabajos atribuidos a él se conocen, es sabido que el bello altar de vieja iglesia y el propio templo, fueron levantados por él y los que lo recuerdan le atribuyen una sobria exquisitez que traspasaba la pobreza de la localidad. El legado a su familia señala que era un diestro artesano y poseía un profundo amor por la cultura, siendo además, de sentimientos sensibles, pues su muerte, según se ha expresado, fue debido a una profunda “precundía” o tristeza y depresión, tras el fallecimiento de su primer vástago nacido en Cabral.
Se ha aceptado, aunque no se sabe cuándo, que la forma del disfraz, con sus características alas de murciélagos fueron innovadas por él, en consonancia con lo vivido en Ponce, pues en aquella ciudad el vestido de los Vejigantes emplean alas similares a las de Las Cachúas. Asimismo, su creatividad de artesano imprimió cambios en la careta, al emplear papeles multicolores para su adorno. A partir de estas características podemos situar los cambios de las caretas y los disfraces a partir de la segunda década del siglo XX, cuando varias tiendas se instalaron en el pueblo, vendiendo telas y papel. Nuestros centenarios y nonagenarios expresan que las caretas poseían tales características ya en la década de 1920-1930 y los hijos de Ramón Suárez, como Inés Suárez, han aseverado que pequeños veían a su padre enfrascado en su construcción.
Para la década de 1940 ya el disfraz y la careta estaban completamente definidos. Por entonces, primaban los colores verde y rojo, con el pantalón hasta las rodillas y las mangas hasta los codos y desde allí medias que cubrían el resto de las extremidades. Las caretas representaban los animales de la zona: pico de cotorra, hocico de puerto, boca de caimán, rostro desfigurado y otros que la creatividad popular así lo quisiese.
En la década de 1950 el disfraz comenzó a cambiar: se alargaron los pantalones y las mangas de camisas y se comenzó a utilizar telas de ramos. Así es observable en una fotografía de 1963, cuando Las Cachúas hicieron una presentación en el Estadio Quisqueya, en agosto de ese año. Los finales de la década de 1960 y la de 1970 fue crucial para la evolución de las Cachúas, la tecnología, con la aparición del cine consuetudinario en el pueblo y la televisión, contribuyeron a cambiar las caretas, pues las películas del luchador enmascarado El Santo influenciaron a tal punto, que su careta de tela ceñida al rostro se adoptó como parte del disfraz, siendo adornada con alfileres y gomitas elásticas, así como espejos en los lados de los oídos. Como este tipo de careta no ocultaba ni distorsionaba la voz, siempre se cambiaba el tono, casi siembre en una vocecilla imperceptible, procurando mantener la tradición del Cachúa desconocido, aunque ya sin cachos.
Contemporáneo con la careta vino el uso del traje. Fue en esta etapa que se adoptó una sola manta, muy propio del barrio La Peñuela, para disfrazarse y se forzó y aceptó el uso de cortinas. Ambas eran adornadas por tiras por toda la orilla de la tela y regularmente, en el caso de una sola manta, se combinaba con el pantalón y la careta. Las cortinas dieron origen al estribillo “La cortina de mamá la cojieron pa difrá”, como una burla a los que la utilizaban. Aunque ambos disfraces introdujeron cambios en el tradicional, ambos son productos de la necesidad económica de los cabralenses y su deseo de participar en las fiestas. La manta tenía como destino servir para un pantalón al término de las festividades.
La década de 1980 trajo la aparición de disfraces foráneos, caretas de plástico y caucho, trajes de super héroes, de ninjas y de otras representaciones y se perdió la costumbre del escepticismo del cachúa, que evitaba se le conociera antes del último día de las fiestas. Así, la gente perdió interés por el uso de la careta y comenzó a salir a las calles con el rostro descubierto y con medios disfraz o amarrados a la cintura. Esto generó el estribillo: “Las cachúas sin careta se merecen tre galleta, la cachúa sin disfra se merecen tre patá”. El resultado de esta costumbre es un poco uso de las caretas tradicionales.
Los cambios han continuado en las décadas de 1990 y 2000, principalmente en el disfraz. En la confección de los disfraces se ha comenzado a utilizar telas de brillo masivamente, no se emplea las tiras características ni el vuelo plisado que cubre la cintura y los hombros, cambiando de ser un mameluco enterizo a dos piezas, dividiendo y empequeñeciendo las grandes alas. He observado este tipo de disfraces aun en dirigentes y jefes de grupos de cachúas en el pueblo.
"Siempre digo la verdad, incluso cuando hablo mentiras"
Manuel Heredia, alias Moro, de 22 años, quien falleciera en un accidente de tránsito el 22 de junio de 1951. En su honor se hizo el primer Repique en el Cementerio de Cabral el domingo 13 de abril de 1952.
Por Werner Darío Féliz
En una entrega anterior analizamos la evolución de los disfraces y las caretas de Las Cachúas. En esta explicaremos la evolución de las fechas de celebración y otros elementos particulares.
Aunque en menor proporción, también las fechas y horas de celebración han evolucionado. Hasta 1956 Las Cachúas seguían la costumbre católica de no celebrar actividades sino hasta las diez de la mañana del sábado, de allí que siempre salían a esta hora, después que las campanas de la iglesia anunciaban la resurrección de Jesús, extendiendo la celebración hasta el domingo a la media noche. Pero en este año, tras la disposición papal de celebrar la resurrección a las doce de la media noche del domingo, Las Cachúas no pudieron salir sino a esta última hora.
Pero en ese mismo año ocurrió una situación interesante. Como se celebraba la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre en ese año, hubo una coincidencia con el desfile del carnaval y como el segundo desviaría la atención, se decidió posponerlo. Pero surgió la problemática que dichos desfiles no podían realizarse durante la cuaresma, optando Trujillo por realizar el carnaval, llamado el Corso Florido, el lunes siguiente al término de la Semana Santa, declarando este día de fiesta y no laborable, correspondiendo al 2 de abril.
Ni tontas ni perezosas, como Las Cachúas habían sido privadas ese mismo año de un día de sus celebraciones, aprovecharon el asueto del lunes para extender su celebración, pasando desde entonces a disfrazarse también el lunes. Entre el 1956 y el 1961 Las Cachúas solo se disfrazaban los domingos y los lunes, pero tras los cambios introducidos y liberados de la influencia de la iglesia y el temor dictatorial, los cabralenses impusieron su cultura y se volvieron a disfrazar los sábados, tal y como lo venían haciendo desde hacía tiempo, pero ya no a las diez de la mañana, sino a las doce de la noche del sábado. Como Las Cachúas dominaban el escenario del pueblo, la propia iglesia la adoptó como tal y cedió sus campanas el sábado no ya para anunciar la resurrección, sino el momento del inicio de las festividades de Las Cachúas: las campanas llamaban al pueblo a disfrazarse.
Por entonces, la apropiación social del término de la Semana Santa que hicieron Las Cachúas, provocaron otros cambios radicales en la celebración, al apropiarse del Judas o júa, para su “quema exclusiva”. Ese Judas era, hasta la muerte de Trujillo, el Judas bíblico. Como en todo el país, el Judas, representado por un muñeco, era ahorcado, vituperado y apedreado por el pueblo, bajado de su patíbulo el sábado, paseado por el pueblo sobre un caballo y luego quemado por el pueblo: estas festividades eran encabezadas por la iglesia y las autoridades. Este judas, según la costumbre, era colocado en una zona cercana al basurero del pueblo, en el Hoyo de los Perros o Los Carrandales, colgado de un árbol.
Pero esa costumbre dio un giro en los últimos años de la década de 1950, principalmente a partir de 1956, cuando se comenzó a quemar a las doce de la noche. Como era obvio, el pueblo de desinteresó y fue así como fue apropiado por Las Cachúas. Después de 1961 ese Judas traidor pasó a ser el judas calié, representativo del delator en el régimen y entonces Las Cachúas le llamó jua y le cantaba: “júa, júa, júa eeeeeeeee” gritando en coro “lo mataron por calié”.
Esa vieja costumbre de amarrarlo en un árbol en los carandales continuó por varios años, aunque se perdió ya en los finales de la década de 1960. Entonces el muñeco representativo del júa era confeccionado el lunes, antes del desfile final y sacado, paseado por el pueblo, sea sobre algún burro o los hombros de alguien y luego quemado en el cementerio, siendo golpeado, vituperado en todo el trayecto.
Ese júa calié, antiguo Judas bíblico ¡ya no se sabe lo que es! Pues es un Cachúa. Desde la década de 1990 se adoptó la modalidad de utilizar el muñeco representativo de Las Cachúas colocado en el pedestal más alto del parque Los Trinitarios, bajarlo de allí con todo y disfraz y careta, pasearlo por el pueblo, golpearlo, vocearle mil vituperios y luego quemarlo, cono todos los implementos de Las Cachúas.
Ese júa calié-cachúa se quema en el cementerio, en una ceremonia de transición entre la vida y la muerte, según la ha definido Dagoberto Tejeda Ortiz. Allí, Las Cachúas se apropian de las tumbas, subiéndose en ellas y realizan repetidos repiqueteos del fuete, homenajeando así a todos los cachúas, que son todos los cabralenses, que han fallecido. Se trata de una hermosísima celebración única en el país, como únicas son Las Cachúas.
Pero no siempre Las Cachúas han ido al cementerio. Hace solo 59 años que ellas iniciaron los homenajes. Todo ocurrió sin proponer que dicho homenaje fuera parte fundamental de las celebraciones. En 1951, un grupo de jóvenes del pueblo, encabezados por Alfredo Féliz, dominaban el escenario de las más temidas Cachúas, encontrándose dentro de ese grupo Manuel Heredia Cuevas (Moro), Yigue y otros. A los pocos meses de pasar las celebraciones, el joven Manuel Heredia, entonces de 22 años, ayudante del camión de Ernesto Urbáez, murió al accidentarse ese vehículo en la carretera Barahona-Azua el 22 de junio de este año. Entonces al año siguiente, 1952, semi embriagados los jóvenes, el domingo 13 de abril se apersonaron en el cementerio, se subieron a la tumba de Moro y le hicieron un repique de fuete en su honor. Aquella tarde se marcó el inicio de los homenajes en el cementerio, el cual se trasladó a los lunes después de 1956.
Alfredo Féliz (Alfredito), extinto Jefe de las Cachúas y pionero junto a su hermano Cano Féliz y otros, quienes el 13 de abril de 1952 fueron a rendirle tributo a Moro. Esta tradición continúa hasta hoy.
Una integración fundamental que ha percibido las celebraciones es la de los niños y las mujeres. Los niños, hasta la década de 1960, no era muy común que se disfrazaran, pues su miedo les impedía salir de las casas y más bien se escondían debajo de las camas. Las mujeres por su parte, tampoco se disfrazaban y solo comenzaron a hacerlo en la década de 1970, cuando la necesidad de la rifa las obligaba a salir a las calles. Se considera que Belén y Anacelia fueron de las primeras mujeres que andaban de cachúa por las calles del pueblo.
Las Cachúas eran terroríficas, pues inclementes golpeaban con sus foetes a todo aquel que anduviese en las calles sin disfraz, principalmente a las mujeres. Como forma de mantener su dominio, se enfrentaban con los no disfrazados, los civiles, en un pleito campal por el espacio. Pocas veces los civiles han ganado un pleito.
Las Cachúas, desde hace décadas, se han exportado fuera de Cabral y es una festividad que se celebraba en la mayoría de los pueblos sureños, tanto en la costa como en el valle y su presencia es demandada en todos los pueblos del país, como una de las expresiones culturales tradicionales más genuinas de la nación. Constituyen así, un patrimonio cultural del pueblo de Cabral y de la República Dominicana.
"Siempre digo la verdad, incluso cuando hablo mentiras"
Corría el año 1910. En algún momento de ese año
a la calle del Uvero comenzaron a denominarla calle del Comercio. Esa calle
iniciaba en la entrada principal del pueblo, exactamente en su cruce por el río
Uvero y continuaba en una línea casi recta hasta topar con la calle Real (hoy
Presidente Báez). No sabemos cuando esa calle del Uvero comenzó a ser tal, pues
los registros documentales y la tradición oral señalan que la comunicación con
Barahona se realizaba siguiendo el camino Real y continuando por el de la
Iglesia, o sea, lo que hoy es la calle San Andrés. Esa vía tenía su razón de
ser a partir del camino que venía desde El Peñón y que comunicaba con la Sierra
y los pueblos Las Salinas y Cristóbal.
Es posible que esa calle del Uvero comenzara a
abrirse en los últimos años del siglo XIX, a raíz de la instalación en el
poblado de algunos extranjeros, inversionistas en café y comerciantes, como los
González, Vicens, Coll, Isaac, Cury, Salomón, así como el cambio económico de
los cabralenses. Se conoce que los hijos del pueblo más pudientes no vivían en
esa calle, como los Gongoro, que habitaban en la hoy Padre Billini. La apertura
de la calle en esta etapa es muy notoria, principalmente a raíz de las casas
que la poblaban, las que eran construidas de pino tratado y cinc y, además, por
la gran cantidad de solares vacíos que durante muchos años existieron en este
tramo. Fue en esta calle que se instaló el local del ayuntamiento, la planta
eléctrica y otras edificaciones.
El centro del comercio cabraleño fue ocupado
por la calle del Comercio. En su trayecto estaban el comercio de Manuel
González, de Juan Bujosa, de Gustavo Féliz, la botica, comercio y panadería de
Bartolomé Coll, el alambique de los Cury, la casa comercial de Jorge Isaac y
luego Angeló Acosta, el de Rafael L. Velez y otros que lograron cambiar ese
antiguo callejón.
Esa calle pasó entonces a ser la principal del
pueblo. Por ella pasaba todo aquel que se trasladaba desde Barahona hacia los
poblados del valle y la sierra y a Haití. En la década de 1920, cuando
comenzaron a transitar los vehículos de motor hacia estas zonas, su gente
comenzó a sentir los estragos del polvo. Fue, por igual, la que inauguró el
narcisismo trujillista, al cambiarse el nombre del Comercio por Presidente
Trujillo en 1936. Dada su importancia, fue la primera que se petrolizó, lo que
se realizó en 1943.
La expansión de la calle inició a mediados de
1930. En esta etapa, se construyó la carretera de Barahona a Cabral, que
eliminó el viejo camino que cruzaba por el Paso de Minguiná y el centro de La
Peñuela, creando una vía recta que iniciaba en la Cañada de La Peñuela y
empalmaba con el río Uvero, canalizando ríos y eliminando pantanos en su
trayecto, abriendo espacios otrora dedicados a la siembra de caña y otros usos,
para ser utilizados en la edificación de viviendas. A esa nueva calle (hasta el
río Uvero) se le llamó Emenegildo Féliz, bautizada en 1955 como Padre de la
Patria Nueva y fue en ella que se construyó la escuela municipal Julia Molina
en 1954. La calle continuó su expansión en 1947, cuando se construyó la carretera
de Cabral a Duvergé, allí el doblaje en la Presidente Báez fue eliminado,
continuando en línea recta rumbo a La Lista. Se terminó de completar así esa
vieja vía que rompe el pueblo en dos.
Esta arteria comercial cabraleña recibió en
1944 el parque principal de Cabral (Parque Los Trinitarios) y en su frente el
palacio municipal de concreto, inaugurado el 27 de febrero de 1958, siendo
hasta el siglo XXI la arteria que aglutina el comercio principal y los espacios
de diversión de mayor importancia. Esa calle Duarte recibió su nombre
definitivo en 1963, no sin antes ser nombrada Sánchez en 1961.
Como se trata de una arteria de corte
internacional, que comunica directamente con los pueblos principales, es así un
verdadero infierno vial. Vivir en ella comenzó a ser verdaderamente
insoportable a partir de la década de 1930. En primer término, el polvo de los
vehículos tornaba el espacio difícil. Así es notorio en los libros del
ayuntamiento, cuando las quejas para que el edil iniciara acciones a fin de ser
regada fueron constantes. Fue por estas razones que se hicieron diligencias
infructuosas a partir de 1942 para su petrolización, principalmente a partir
del hecho de que en esta etapa iniciaron las operaciones en las minas de sal y
yeso de Las Salinas.
El trajín de camiones de todo caballaje,
cargados de sal o yeso ha sido constante por más de 60 años. Por momentos se ha
unido a ello el flujo de vehículos pesados con materiales, en fechas en que se
reparaban las carreteras de la zona, así como el cruce con cargas de mercancías
hacia Haití y aun el trasiego de autobuses. Por igual, en las etapas de grandes
cargas de café por allí era que se transitaba, así como todo tipo cargas.
La instalación de la empresa Khoury Industrial,
a partir de 1992, vino a empeorar la vieja situación, pues los camiones de
carga de material cruzan constantemente por la vía, dejando tras sí constante
polvillo, suciedad y enrarecimiento del ambiente. A ello se ha unido la gran
cantidad de motores del pueblo, los que recorren en todo momento y a toda hora
la calle, con ruidos ensordecedores.
Como se observa
la calle Duarte, rica en historia urbana y comercial, unida al pueblo y
su gente, es un verdadero infierno para los habitantes del viejo pueblo de
Cabral.
"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés." Antonio Machado
Este artículo inicia una serie sobre los pueblos Barahona y Cabral, que iremos alternando, comenzamos con la fundación de ambos pueblos, luego la evolucíón de los caseríos.
Entre los habitantes del pueblo Cabral, su fundación y desarrollo ha sido siempre un tema fundamental. Las opiniones, divergentes por demás, sobre su origen o fundación no son nuevas, siendo parte de la tradición oral, plasmándose en libros, revistas y folletos desde hace más de cincuenta años.
Una de las tradiciones orales más socorridas ubica la fundación de Cabral en 1795. Esta opinión fue recogida por el escritor barahonero José A. Robert en 1953, en su libro Evolución Histórica de Barahona, así como por el historiador J. Marino Inchaustegui, en su Historia Dominicana, obra publicada en 1955, dentro del grupo de la Colección Trujillo. Ya hacia 1983 el costumbrista Matías Ramírez Suero, en su trabajo Fundación de Barahona, indicó que el pueblo fue erigido en 1723. Hacia el año 2003, Santiago Alcántara (Guito) en un folleto que circuló en Cabral, por cierto muy poco, titulado Los primeros y mejores del pueblo de Cabral, afirmó que había sido fundado el 23 de febrero de 1723. En otro escrito, que sirvió de base para una conferencia, titulado Tradiciones de Cabral, Julio Gómez Féliz infirió el año 1700 como el tiempo en que comenzó a levantarse. La nota común de las diferentes opiniones (Robert, Ramírez, Alcántara, Gómez) aduce que Juan Féliz de Luna, junto a su esposa Petronila Urbáez fueron los fundadores.
Como se observa, no existe una opinión homogénea, colectivamente aceptada, que indique con precisión la fecha de fundación del pueblo. Tal situación, por la propia divergencia, puede llamar a aceptar algunas consideraciones y rechazar otras, no sin antes descalificar a las que no satisfacen. Pero más allá que aceptar o rechazar, lo cierto es que las afirmaciones constituyen una cantera magnífica que permite fijar un punto de partida para analizar la erección del pueblo y relacionar las tradiciones con documentos conocidos. Esas afirmaciones son las tradiciones regionales y tal vez si no fuera por ellos dentro de algunos años no se supieran la lucha social por el rescate de la identidad y el apego a un origen de toda una comunidad.
Pero cuando se fundó el pueblo de Cabral? El primer dato discordante de las opiniones es que atribuyen al hatero Juan Féliz la iniciativa de la fundación en fechas tan distanciadas y el segundo, el principal, es que ninguna de las afirmaciones se sustenta en documentos. Lamentablemente, los costumbristas, escritores e historiadores señalados no citan ningún documento fuente y, de hecho, hasta ahora no hemos localizado ningún documento de época que refiera la fecha de fundación del pueblo. A partir de ello, podría descartarse la verosimilitud de las consideraciones y buscar, si bien el documento que las compruebe, realizar estudios históricos generales y regionales que nos permita situar la fecha aproximada que señale que tenemos allí un pueblo.
Comencemos por Juan Féliz. Las noticias de Juan Féliz no son muy abundantes. Sabemos con precisión que en la década de 1740 este era un militar español, con rango de cabo, quien estaba apostado en la frontera sur de la colonia, casado con Thomasa Terrero. Él, el 8 de agosto de 1750, compró a Pedro de Olaeta y Francisco Jacinto de Mesa el hato de San Cristóbal de la Sal, ostentando la propiedad y transfiriéndolos a sus hijos. Se conoce que procreó varios vástagos y sabemos los nombres de cinco de ellos: Antonio, Facundo, Diego, Adriano y Salvador, siendo Antonio el mayor.
En los años siguientes, hasta lo ahora conocido, Féliz se pierde en el tiempo y todo indica que tal vez falleció en los veinte años siguientes, pues en el listado de propietarios de Neiba, registrados en las décadas de 1770 y 1780, su nombre no aparece, o tal vez para ese año no era un importante productor ganadero. No obstante, tal parece que algo de relevancia tendría, pues su hijo, Antonio Féliz, fue regidor del cabildo de Neiba en 1783, quien también comercializaba ganado hacia la colonia vecina. Éste vivía en el asiento principal del hato de Cristóbal de la Sal, ostentando la heredad de su padre, donde hoy está el pueblo Cristóbal.
El hato de Cristóbal de la Sal era realmente de proporciones considerables, lindaba al oeste con el hato Capitanejo la loma de la Hoz, al sur por el mar Caribe y al Este por el hato de Pesquería. El río Neiba y la las lomas de los cerros de Cristóbal de Fondo Negro, Barranca, predios de Pesquería y otros. Si bien no tocaba los sitios de Barahona, sí llegaba hasta el Petit Trou. Dentro de estos lugares se encontraba el sitio de conucos denominado Rincón.
Las menciones primarias del sitio Rincón aparecen en 1785, a raíz de un censo que se realizó sobre los negros cimarrones del maniel del Bahoruco, señalando tal referencia que allí vivía un negro desde hacía muchos años, el cual no fue censado. Otras menciones más directas se registran en 1790, la que lo señala directamente como el sitio de conucos del hato, teniendo Antonio Féliz, Paula de la Cueva y Pedro Segura algunos predios cultivados. Esos predios fueron pedidos por los cimarrones para ellos destinarlos a campos agrícolas.
De allí en adelante las noticias documentales son escasísimas y la referencia más próxima a Rincón se produce en 1810, cuando se asentó allí Pablo Báez. En los mapas y referencias de estos años, aparece señalado el asiento del hato Cristóbal, pero ningún pueblo o lugar, con excepción de Neiba, es indicado. En esta etapa, no se menciona en lo absoluto la existencia de un caserío en la zona, solo sí se indica con precisión la disposición de conucos del sitio.
Veinte años después a la última versión del conuco (1790) ya aparece como un pueblo (1810), el cual era maderero. Las referencias urbanas infieren que inició alrededor de habilitados caminos, sin ninguna identificación ni organización definida. Allí, en un pequeño promontorio en la bifurcación de la vereda con dirección al mar y comunicación con el río y los hatos hacia el este y el oeste, se levantó una ermita, la cual miraba los bohíos. Esas intersecciones formaron las calles de la Iglesia y el Camino Real, las que luego fueron denominadas Buenaventura Báez y San Andrés.
A partir de lo analizado, concluimos en que Cabral no se fundó, sino que se formó como pueblo en los últimos años del siglo XVIII y comienzos del XIX, cuando explosionaron los cortes de maderas, a raíz de las transformaciones económicas y sociales surgidas tras la Revolución Haitiana, que provocaron el coartamiento del comercio ganadero con la colonia gala, obligando a la búsqueda de nuevos renglones productivos. Tal vez se acentuó su poblamiento después de 1803, cuando los franceses intensificaron los cortes. Como conuco del hato de Cristóbal, tal vez lo era desde hacía años o siglos, pues el hato fue establecido en el siglo XVI, devastado en 1606, apareciendo Agueda Caraballo como su dueña en 1742, luego Pedro de Olaeta y Francisco Jasinto de Mesa, hasta Juan Féliz en 1750 y Antonio Féliz y sus hermanos en la década de 1880.
Así, Juan Féliz nada tuvo que ver con la fundación de Rincón, nada le es atribuible más allá de su explotación agrícola como dueño del hato de Cristóbal. Su nombre se asocia a Cabral, Salinas, Cristóbal y otros lugares, por la influencia que tuvo durante muchos años y por los continuadores de la heredad familiar que, aun en el siglo XXI, está siendo reclamada.
Por Yassir Féliz Hacemos un recuento de los Suplentes, Vice-síndicos o Vice-Alcaldes que hemos tenido desde 1963 al 2010; y como podrán ver más abajo, desde 1963 a 1998 no existía el nombre de Vicealcalde, sino que se llamaban Suplente de Síndico. Ya en 1998 comienzan a llamarse Vice-Síndicos y es el 27 de febrero del 2010 cuando, por mandado constitucional se cambia el nombre de Vice-Sindico por el de Vice-Alcalde.
Es importante destacar que durante este periodo, el Sr. Miguel A. Urbáez Alcántara ha sido el único que ha repetido en el cargo, con la particularidad agregada de que lo hizo con dos Síndicos diferentes. Urbáez Alcántara fue en 1982 Suplente del Sindico Salvador Urbáez, y de 1986-1990 fue el Suplente de Francisco -Pavilo- Féliz.
Durante este periodo también podemos destacar que en el 2002, Altagracia Féliz Medrano fue la primera mujer en ser electa al cargo de Vice-síndica. Altagracia Alcántara Féliz, la segunda en asumir la misma posición, se convirtió en la primera en ser escogida oficialmente con el nombre de Vice-Alcaldesa.
Lista oficial
27.02.1963 – 25.09.1963: José Altagracia Féliz Olivero (suplente)
1966-1968: Pedro Féliz Soy (suplente)
1968-1970: Francisco Sánchez (suplente)
1970-1974: Julio Ernesto Féliz Alcántara (suplente)
1974-1978: Eulalio Rodríguez (suplente)
1978-1982: Daniel Francisco Urbáez (suplente)
1982-1990: Miguel A. Urbáez Alcántara (suplente)
1990-1994: Francisco Sánchez (suplente)
1994-1998: Pedro S. Olivero Féliz (suplente)
1998-2002: Manuel Mercedes Féliz Féliz (vice-síndico)
Es válido destacar que no ponemos el periodo comprendido de 25.09.1963 al 1966 porque durante ese tiempo se dieron situaciones políticas que violentaron el orden democrático dominicano y Cabral no escapó de ello. Solo hemos puesto los nombres de quienes fueron elegidos democráticamente.
Capital de las Aguas & Hogar de las Cachúas de Cabral
Datos Generales País: República Dominicana Provincia: Barahona Ubicación: 18°15′00″N 71°13′12″O / 18.25, -71.22 Altitud: 83 msnm Distancia: 15 km a Barahona y 200km a Santo Domingo Superficie: 131.65 km² Distritos Municipales: ninguno Población Total (censo 2002): 13,907 habitantes. Población Masculina: 7,140 hombres. Población Femenina: 6,767 mujeres. Población Urbana: 12,175 habitantes Población Rural: 1,732 habitantes. Densidad Poblacional: 105.6 hab./km²
Limites: Al Norte: Municipio El Peñón Al Sur:Municipio de Polo Al Este: Distrito Municipal El Cachón Al Oeste: Municipio Las Salinas
Historia: Originalmente llamado Rincón de Ají, Cabral fue fundando en 1707 por Juan Féliz de Luna y María Urbáez. Fue elevado a Distrito Municial el 04 de Mayo de 1900 y convertido en Municipio el 08 de Septiembre de 1907. Su primer Alcalde fue el Sr. Juan Salomón.
Entre sus municipes se destacan el General de la Restauración Angel Féliz Liberata. Eladia Jiménez, primera maestra de Cabral. Los músicos y folcloristas Ireno Carlito y Belisario Féliz. El inmigrante boricua Ramón Suárez y el Sr. "Cola Blanca" se destacan en la confección de las Caretas y Fuetes de las Cachúas de Cabral. El Sr. Suárez introdujo los trapiches en el municipio.
En el plano político se han destacadoDavid Olivero, Aquiles Ledesma, Jesús Féliz, Goris Segura, César Francisco Féliz (Quico) y José Altagracia González Espinosa. En el plano intelectual se destaca el abogado e historiador Werner Féliz, el escritor y psiquiatra Osmundo Féliz y abogado y escritorJulio Gómez; en lo deportivo se han destacado Janeiro Féliz, Linardo Díaz, Franklin Segura (la Roka), entre otros.
Autoridades Municipales 2010-2016 Alcalde: Flavio Tomás Sánchez Vice-Alcalde: Altagracia Alcántara Regidores: Elizabeth Ferreras (Presidenta Sala Capitular), Carlos Alcántara, Dariun Féliz, Luis Tomás Báez y Benito Urbáez.
Centros Educativos: Básica e Intermedia: Escuela Catalina Pou, Escuela Teresa Peña, Escuela El Majagual, Escuela El Brisal, Escuela El Guayuyo y Escuela Alvaro Olivero Secundaria: Francisco Amadís Peña
Fiestas: Carnaval de las Cachúas de Cabral: Tomando los dias Sábado y Domingo Santo y el lunes después de Semana Santa. Nuestra Señora de los Remedios: 8 de Septiembre.
Otras Instituciones: Policía Nacional, Cuerpo de Bomberos, Defensa Civil, Centro Educativo Elsa Fernández, Soeca, Asodeuca, entre otras.
Religión: La principal religión de esta comunidad es la Católica, sin embargo proliferan en gran mayoría templos protestantes cristianos.
Producción, ecoturismo y empleo. Produce Plátanos, Bananos, Yuca, Batata, Cocos, Mangos, Auyamas, Lechosas, Tomates, Habichuelas, Maíz, entre otros.
Rodeado de aguas cristalinas de mananatiales, Cabral tiene además el rio Yaque del Sur y la Laguna de Cabral.
Aunque su gente vive principalmente de la agricultura, la economía de Cabral es sustentada por una gran cantidad de empleos estatales y en una muy minoría, empleos privados. los empleos informales de ventas callejeras y el motoconcho, son una parte importante de la producción de este pequeño municipio.
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