"Pa' que se pierda el hombre, que se pierda la palabra" Papo García
En Batey Paja hubo una casa donde el juego de Dominó era más importante que la comida misma. Me refiero a la casa de mi tía Popa y su esposo, mi tío político, Alejandro (El Charro).
Como siempre, un sábado en la mañana se estaba jugando Dominó. Sentados en la mesa de juego estaban Tifú y El Charro jugando de frente y en contra de Santo Lilay y Percal… ya habían pasado largos y efímeros “cienes” en donde la inteligencia de El Maestro (Santo Lilay) y La Güesa (Percal) se había impuesto a jugadores de la talla de David, El Ñef, Mitre, Sixto Bonilla, Lukín, Papo García, Santo Sara, Jorge Parranda, Euris El Palo, Mayito Jacobita, Sócrates, entre otros jugadores no menos exitosos.
Percal y Santo estaban dando cátedras de buen juego cuando a eso de las 10:35am hace su arribo por el portón de hierro el Sr. Cuchi, quien había sido victima del primero en un 7-0 con seis lisas el día anterior.
Mientras caminaba, Cuchi no deparó en vocear y retar a Percal para se “batieran” en un torneo de Dominó de un 7-4, donde ganador sería reconocido por el perdedor como “su papá” y donde el perdedor “viera” al ganador debía arrodillarse y decirla “Sión mai mula”. Sin dudar, Percal aceptó el reto y los jugadores permitieron que la “Serie Mundial” iniciara.
Los tres primeros “cienes” a favor de Cuchi. 3-0 gana Cuchi cuando, en medio de la emoción de darle una “lisa” le dijo a Percal: “Si tu me ganas esta serie me voy a poner del lao que tu quiera y te voy a da mi puñal pa’ que me de una puñalá por donde tu quiera, buena cagá, que tu no eres jugador de dominó pa’ ganame a mi”.
Percal se mantuvo callado, pero asintió con la cara. Realmente estaba en una situación difícil, pero solo podía jugar dominó, rogarle a Dios que le lleguen buenos juegos y con eso ganarle la serie a Cuchi.
Los ruegos fueron oídos y desde el olimpo griego, Zéus le envió la suerte a Percal, quien ripostó con un “comeback” extraordinario poniendo la serie 3-2… y luego tres a tres.
El Cien decisivo se jugaba, los jugadores estaba en presión y el público estaba en suspenso por la apuesta que Cuchi había hecho…. El juego inició y Cuchi se fue “alante” y en seis dominaciones puso el apunte 196-0…. y Cuchi, muerto de risa, solo decía: “Cual ala te gusta Percal, ¿la izquierda o la derecha?”.
“Ta’ bien Cuchi, tu ganaste, pero por si acaso, dame la izquierda que es donde esta el corazón” le dijo un cabizbajo Percal.
Percal le ganó las próximas siete dominaciones y el juego se puso 196-190 todavía a favor de Cuchi……Las manos sudaban, los pies se acalambraban, los rostros palidecían y la tensión de la próxima dominación era evidente entre ambos jugadores…. y hasta en el público.
Percal salió y jugó esa dominación como un maestro, y Cuchi, con cinco dobles, sintió como se esfumaba su sueño de ver a Percal diciéndole “Sión mai mula” en cada esquina de Cabral, además de pensar si sobreviviría del punzonaso que Percal le daría con su propio puñal de aproximadamente de 10 pulgadas de largo.
En fin, Percal ganó ente la algarabía de todos los jugadores y la tristeza de Cuchi, el cual, vió su orgullo por el suelo y su palabra de hombre “de pelo en pecho” empeñada en tener que darle el costado izquierdo para que Percal le “atollara” el largo puñal que tenía en la cintura.
Como hombe guapo, Cuchi sacó el reluciente puñal de su cinto, se subió la camisa por el costado izquierdo, se dobló y le dijo a Percal: "Tomá cagá, ya me ganate. Ahora vamo’ a ve si tu tiene valor de darme la puñalá que apotamo".
Ante la mirada atónita del público, Percal tomó el largo chuchillo en la mano, lo miró, lo acarició e hizo una prueba poniéndoselo en la tercera costilla dorsal izquierda, escogido por ambos como el lugar donde se le introduciría el chuchillo a Cuchi.
Cuchi sintió el frío del puñal en su piel y cuando Percal cogió el impulso de hacer el “vaivén”, y sintiéndose muerto, Cuchi salió “despavorido” como un “chele” dejando a La Güesa con el puñal en la mano y a todos con una risa inaguantable por la corrida de “avión a chorro” de Cuchi para que Percal no lo apuñalara. Nadie volvió a ver a Cuchi hasta ya pasados unos días.
Una semana después, el sábado siguiente, Cúchi volvió al juego y ante la mirada de sorpresa de los jugadores dijo “Charro, búscame el chuchillo que ya me dijeron que Percal te lo entregó a ti”. Alejandro se lo entregó, pero todos los miramos muertos de risa por la actitud de "mona de traquiá" tomada el sábado anterior cuando se vió al borde de la muerte.
Al sentir la risa burlona de todos los que estabamos ahí, Cuchi no se quedó callado y dijo: “Y que utede quieren? que me deje matá?... utede tan locos, yo soy discípulo de Papo García, que una vez dijo lo que yo le digo ahora a utede, que ¡PA’ QUE SE PIERDA EL HOMBRE, QUE SE PIERDA LA PALABRA!”
"Siempre digo la verdad, incluso cuando hablo mentiras"