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Patria y Patriotismo


Por Welnel Darío Féliz

La patria, es el lugar en que una persona –o los padres de esta- ha nacido y se siente vinculada por razones sociales, culturales, históricas, económicas, ambientales o familiares.  Es en sí mismo un sentimiento de adhesión a esos elementos y, por tanto, al espacio geográfico en donde se desarrollan. Para que pueda considerarse un lugar como una patria, implica la conciencia de sí misma, de tales elementos y, por tanto, el reconocimiento de una identidad.

La vinculación social generalizada que crea la patria, implica que los que comparten ese sentimiento afectivo, lo profesen más allá de la adhesión a un territorio. Es así que la concreción del sentimiento patriótico puede ser observado en la unidad de todos en las luchas por el bienestar común; en la solidaridad colectiva para con un dominicano en dificultades; en la inmediata cohesión entre individuos del país que se encuentran en cualquier lugar del extranjero; en el respeto mutuo a los derechos de las personas; en la toma de acciones personales, empresariales y sociales que no operen en desmedro de los conciudadanos.

Visto así, la patria no se crea, sino que se forja y el patriotismo no se enseña o se inculca, sino que se practica. La patria, como la nación, se van forjando, en la medida en que se reconocen los elementos de identidad y en colectivo se defienden, se protegen; el patriotismo, o sea, el ejercicio de esos sentimientos es una práctica, en la medida en que se ejecutan acciones para lograr el bienestar común y la defensa y el desarrollo de la felicidad. Esos elementos culturales, sociales, económicos, que conforman el sentimiento patriótico, la identidad, deben ser concretizados y protegidos por el Estado, cuando este existe, en un plano de igualdad. No es exclusivamente la defensa de un territorio, ni el populismo que conlleva su invocación mediática ante problemas coyunturales.

No basta divulgar o promocionar patriotismo o difundir los componentes que lo conforman, hay que crear mecanismos para que esos elementos sean percibidos y disfrutados por todos y todas, sin discriminación, en un clima de oportunidades.

Así, mientras el acceso a los servicios de salud sea precario para los grupos más empobrecidos; mientras no tengamos acceso igualitario a medicinas; mientras los que viven allende la frontera y lejos de los centros urbanos no puedan obtener servicios médicos eficientes, no hay patria ni patriotismo. Mientras el acceso al agua potable sea casi un privilegio; mientras la energía, fuente de desarrollo de vida en esta etapa contemporánea de la humanidad, continúe sin llegar lo suficiente y costosao, no hay patriotismo.

Mientras tengamos pueblos, como Elías Piña, con el más bajo índice de pobreza e indigencia; mientras más de un millón de dominicanos se acuesten sin cenar o sin comer; mientras nuestros niños estén desnutridos y con deficiencias; mientras los productos básicos de alimentación sigan inalcanzables por sus precios y un calidad cuestionable; mientras las riquezas y la mejor educación este centrada en unos pocos, no tendremos patria.

Mientras el servicio de transporte privado que traslada al  público sea un caos, operando contra las personas y provocando entaponamientos, accidentes y gastos; mientras los que recorren nuestras calles en vehículos no respeten las leyes y los derechos de los demás; mientras los empresarios exploten a sus conciudadanos o extranjeros, desconociendo o tratando de desconocer derechos; mientras no hayan viviendas dignas para todas las personas; mientras vivamos en un clima de inseguridad, no tendremos patria ni sentimos patriotismo.

Mientras los funcionarios públicos cometan irregularidades administrativas; mientras la justicia opere en respuesta a la presión mediática; mientras no haya igualdad para el acceso al empleo público; mientras existan abismos de desigualdades para el ejercicio del derecho de elegir y ser elegido; mientras campee la impunidad en todos los sectores de la vida nacional, no tendremos patria.

Patriotismo no es que unos pocos, desde las urbes urbanas y lugares costosos, vestidos con prendas caras, discursos grandilocuentes y expresiones excluyentes, lo proclamen. No es realizar, una vez al año, reuniones públicas en cabildos, clubes, salones de actos, o desfiles militares, dictar conferencias o llevar una tras otra ofrendas florales al “Altar de la Patria”. No es hacer marchas contra la “invasión haitiana pacífica”, foros en defensa de la soberanía y de las decisiones de tribunales del país. Esto es pura parafernalia mediática justificadora del ejercicio de personas y entidades, quienes la utilizar como un mecanismo que garantice presencia en los medios y los órganos y entes del Estado, su estatus, influencia y estabilidad económica, en tanto la asociación semántica del término patria y patriotismo se relaciona con el propio yo, la identidad del pueblo.

Patriotismo es lograr la inclusión social, crear oportunidades, propender a la mejoría educativa, eliminar la indigencia y reducir la pobreza, acceso a la salud, mejoría de la alimentación, luchar por el bienestar ciudadano, el acceso al trabajo, la estabilidad laboral, salarios dignos, respeto por la cultura, los derechos fundamentales de todos, por las leyes y la igualdad de todas las dominicanas y los dominicanos. Garantizando la felicidad del pueblo se hace patria y se practica el patriotismo.

Patria es el lugar en que todos los dominicanos y las dominicanas gocemos de bienestar y sintamos protección por parte del Estado. De lo contrario esta no es nuestra patria, sino la de aquellos que gozan de ella, nos utilizan y la explotan para su beneficio personal, para su bienestar, no el del pueblo.

  “La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch

Reflexiones sobre el evento “Barahona Sede Presidencial”

Casa que sirvió como sede de la presidencia de Adolfo Alejandro Nouel, en 1913.

Por Welnel Darío Féliz

Los acontecimientos históricos son para los pueblos base de su identidad. Alrededor de ellos crece la unidad social, la identificación del apego al espacio territorial, la evocación que permite fijar el desarrollo colectivo, identificar las luchas y valorar en su justa medida lo que se posee en lo económico, social y cultural. En realidad, como seres humanos, somos la síntesis de nuestra historia, geografía y cultura.

Es por ello que todo acontecimiento histórico que se recuerde, que se celebre, por grande o pequeño que sea, suele ser importante para la comunidad y es y será siempre esencial para el reafianzamiento de la identidad, de la condición humana y la evocación del pasado ausente que nos sintetiza y nos impulsa en colectivo, viendo la estela del desarrollo y forjando un futuro con esperanzas. 

Dentro de ese marco se encuentra la celebración de los 100 años cumplidos de Barahona como sede de la presidencia de Adolfo Alejandro Nouel, en 1913. 

El pasado 21 de junio, algunas organizaciones de Barahona, junto a la alcaldía municipal, llevaron a cabo la celebración supra indicada. Al efecto, se promocionó todo un evento, a todas luces de carácter histórico, que se acompañó de la presencia de una breve presencia militar, la entonación del Himno Nacional y otras actividades. Asimismo, se imprimió un interesante boletín, en que escritores barahoneros expusieron sus puntos de vista sobre la presencia de Nouel en Barahona y otros acontecimientos, y, además, el Instituto Postal Dominicano puso a circular un matasello para la conmemoración.

Para la ocasión, el ayuntamiento acondicionó de forma impecable la casa que en la ocasión fue cedida para el ejercicio de la presidencia (allí funcionaba la gobernación) y se le imprimió un matiz histórico-turístico, con la sabia idea de que pueda fungir como un destino posible como parte de los monumentos de la ciudad, emblemático y útil para la explotación de la historia y lugares históricos como fuente turística.

Algunos de los asistentes allí esperábamos una agradable degustación histórica a la altura del evento, en que, teniendo como partida una ponencia central, tal vez pudiésemos entrar en detalles y discusiones sobre la presencia de Nouel en el pueblo y su importancia. Convertir la actividad en un verdadero coloquio histórico.

Sin embargo, tal no fue así. El evento inició con la llamativa voz de un locutor que comenzó por llamar al pódium a varias “personalidades” del pueblo. Por allí pasó desde el que tuvo la “idea” de la conmemoración, el que sin tapujos señaló su sorpresa cuando leyó en el libro de José A. Robert algunos detalles de la presencia de Nouel, lo que lo motivó; a él le siguió un dirigente gremialista de los periodistas barahoneros, el gobernador, el presidente de la sala capitular, una joven que leyó una “biografía” de Nouel que no podía tener más imprecisiones, de paso se le cedió la palabra al presidente de la Liga Municipal Dominicana, hasta llegar al discurso central por el Alcalde. A él le siguió el director de IMPOSDOM, el que no pudo siquiera medianamente referirse al acontecimiento. A partir de allí se cerró el evento con el desvelizamiento de una imagen de Nouel.

El pódium vio desfilar una hilera de políticos que repetían como en resonancia las razones del evento; llovían los elogios, la unidad de partidos para el impulso común del pueblo. Fue para mí incomprensible la participación y el discurso de toda esa gente, sin razones, con un desconocimiento casi total. No era un evento histórico, era político, preparado para reflejar el brillo de aquellos que nos representan y nos sustituyen en los eventos en que deberían ser secundarios, en los del pueblo.

Me quedé, y sé que varios conmigo, esperando el evento histórico, el discurso central sobre el acontecimiento, la conmemoración que sirviera para promover históricamente el lugar, aquella que permitiera la comprensión del aniversario, de su importancia, que dilucidara el pueblo del momento, el Nouel de aquellos días, que nos permitiera identificarnos con los 100 años de Barahona sede presidencial. 
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch

Reflexiones en Torno a Juan Pablo Duarte (1 de 4)

Imagen de  Duarte publicada en la Gaceta Oficial No. 2688, de fecha 26 de febrero de 1916 (cortesía de Virgilio Gautreaux Piñeiro)

Por Welnel Darío Féliz

Como conoce todo el país, el año 2013 está dedicado a conmemorar el nacimiento de Juan Pablo Duarte. Para la ocasión, desde los últimos tres meses de 2012, articulistas e historiadores han dedicado sus espacios para escribir sobre el patricio, dictar conferencias, disertar en escuelas y colegios, ocupar los medios de comunicación visual y de audio y editar libros y revistas sobre el tema. El 25 de enero, la asamblea nacional le rindió un egregio tributo, acompañado no solo de discursos y canciones, sino de una exposición de retratos y otros eventos, que incluyó el ya clásico arreglo florar en su monumento ubicado en el parque independencia.

Las conferencias, los discursos, las presentaciones, los artículos y los libros que se han publicado, lucen un poco más de lo mismo, con excepción de algunas que aportan noticias interesantes, como el caso del dato traído por Emilio Guerra, de que Duarte no nació en la casa que hasta ahora se atribuía, la mayoría se diluye en análisis y exaltaciones, con nuevas palabras e, incluso, algunas ampliaciones de las conjeturas sobre su vida.

No es para menos tantas consideraciones redundantes acerca del patricio. Y es que Juan Pablo Duarte es un personaje extraño, un prócer cuya vida y obra es casi completamente obscura, pues las informaciones que sobre él existen no solamente, en su mayoría, provienen de trabajos escritos del recuerdo, de la oralidad, sino que son contradictorios, poco dilucidantes. Los pocos documentos existentes no son, en realidad, reveladores, pues no permiten analizar, con cierta holgura y precisión, al hombre que inicio una revolución que culminó con la fundación de la República.

La extrañeza sobre el personaje se profundiza, en el momento en que leemos a historiadores haitianos contemporáneos. Es muy poco común, por no ser absolutista, que Duarte sea mencionado en los procesos tocantes a la parte del este, él prácticamente no existe, ni siquiera como dirigente de los grupos que apoyaron La Reforma en 1843. Duarte es una nebulosa en la historiografía de la nación haitiana.

Ante tanta incertidumbre documental, la historiografía dominicana se ha dedicado, desde finales del siglo XIX, a construir a Duarte, a levantar un Padre de la Patria. Es así que constantemente se publicaba cualquier información, por ínfima  o poca importante que fuera, sobre el patricio. Desde un verso de una poesía, una información, una breve noticia, una carta, una anécdota o recuerdo de algún contemporáneo, hasta su célebre y supra valorado escrito sobre su idea delo que pudo ser una Constitución. Vale decir que a este revelador documento se le llama proyecto, pero no llegó a ser un anteproyecto, siquiera una propuesta.

La poca información del patricio ha llevado a los historiadores a crear a un personaje mitológico, supra humano, con condiciones que sobrepasan a los mortales. Se le atribuyen virtudes inigualables, todo tipo de oficios y cualidades intelectuales sin parangón. Además, un ideólogo, un visionario, honesto y entregado por completo a la causa, al punto que abandonó amores juveniles, bienes y familia en pos de la libertad de su pueblo.

Dentro de las tantas acciones, decisiones y palabras atribuidas a Duarte hay algunas que definitivamente son insustentables, que de alguna forma niegan el proceso social y político del pueblo dominicano en esta etapa y constituyen, al mismo tiempo, una ausencia de reconocimiento de la vocación libertaria del dominicano y la consideración de su aislamiento de América. Asimismo, deja de lado las propias luchas del pueblo haitiano y las libertades políticas que existían en el seno de los municipios.

Otras consideraciones son puras conjeturas y suposiciones, algunas abiertas y reconocidas sin tapujos, otras sutiles. El reputado historiador Orlando Inoa, en su trabajo Biografía de Juan Pablo Duarte señala que él (Duarte) “…no cursó estudios superiores formales”, la razón, acota, “…debido a que el único centro de educación de ese nivel en la isla, la Universidad de Santo Tomas de Aquino, había sido cerrada en el 1823”. Preguntamos: ¿Cómo pudo concluir este historiador que Duarte hubiese estudiado en la universidad si esta hubiera estado abierta? Esto, a todas luces, es imposible saberlo, a menos que el propio Duarte así nos lo hubiera dejado escrito. 
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Periodicidad en la Historia Dominicana

La corriente historiográfica que se ha encargado de reconstruir los procesos históricos dominicanos no han sido de todo pacífica.

Por Welnel Dario Féliz

Al abrir un libro de historia dominicana es común que inicie por los análisis de la sociedad Taina. Pocas páginas después nos encontramos con los estudios de la etapa colonial, observando grandes temas, como los referentes a las devastaciones de Osorio y todo un esquema de los siglos XVII y XVIII. Se pasa luego a analizar la revolución haitiana, algunos llegando, inclusive, a dividirla en tres períodos. 

Pocas líneas separan a este tema de la Invasión de Toussaint, para luego continuar con Invasión de Dessalines, el Degüello de Moca, la Era de Francia, La Reconquista, La España Boba, La Independencia Efímera, la Invasión y Ocupación Haitiana, hasta arribar a la Primera República, la Anexión y la Restauración. 

Es una periodicidad ya clásica, que es comúnmente repetida tanto por historiadores consumados como por algunos que intentan reconstruir la historia de sus comunidades. A estos modelos se añaden la forma recurrente de dividir los procesos a partir de los gobiernos ejercidos por algunos personajes u otras formas que tratan readaptar los acontecimientos a los estudios particulares. En elemento común de la mayoría es que siguen mencionando los grandes temas: era de Francia, reconquista, España Boba, Invasión y Ocupación haitiana y otros. 

La corriente historiográfica que se ha encargado de reconstruir los procesos históricos dominicanos no han sido de todo pacífica. Aunque José Gabriel García, en su renombrado Compendio de la Historia de Santo Domingo, inició modelos de periodicidad que ha sido copiado, algunas de sus denominaciones han variado. Él llamó Ocupación Francesa, a la etapa en que el país estuvo bajo el dominio de los franceses, Reconquista y Segunda Era de España a la que permitió volver al control español, período de la Independencia a la breve independencia de 1821 y Período de la Ocupación Haitiana; otros le han cambiado el nombre. Emilio Rodríguez Demorizi llamó “Era de Francia en Santo Domingo” a su libro sobre la etapa de la ocupación francesa; Pedro Enríquez Ureña denominó “La Independencia Efímera” a un interesante trabajo sobre esta etapa y así otros autores ha utilizado estas y otras clasificaciones. 

Las clasificaciones, como dijimos, no han sido pacíficas, sino que en su momento estuvieron completamente tendenciadas. Era necesario denominar Era de España o Era de Francia, para dar la idea de una período diferenciador; reivindicar la reconquista era necesario, para acentuar un origen español. El mismo Rodríguez Demorizi denominó “Invasiones Haitianas de 1801-1805 y 1822”, seguido de una denigrante ocupación. No se le denominó invasión u ocupación de España en 1861, sino anexión a España, tal y no se hubiese generado una ocupación. 

Es notorio que esta periodicidad era completamente tendenciada, dirigida a crear una diferencia en los distintos procesos de la historia dominicana. Era, invasión, ocupación, reconquista, anexión, generan reacciones diferentes hacia cada uno de ellos. De todas, invasión y ocupación son negativas y se potencializan con las características que los historiadores registran del proceso. 

Varias historiadores, a todas luces conocedores de los procesos históricos e imbuidos por nuevas consideraciones sobre ellos, han tratado de cambiar las denominaciones clásicas de los períodos. Frank Moya Pons llamó “La Dominación Haitiana” al período en que la parte del este estuvo gobernada por los haitianos; César A. Pérez y Guillermo A. Díaz Bidó nombraron a su libro “Presencia Francesa en Santo Domingo 1802-1809”, a la etapa del gobierno francés. Otros historiadores han llamado “Unificación con Haití” al período 1822-1844 (lo que parece que fue), y otros han seguido estas corrientes, llamando a estas etapas por diversos nombres, pero obviando los tradicionales, pero continuando con algunos que han sigo menos cuestionados, como La Reconquista, La Anexión, u otros, sin someterlas a críticas o cambios que permitan un estudio más equilibrado. 

A toda esta periodicidad tal parece que los historiadores poco se han preguntado si realmente el pueblo dominicano veía esos acontecimientos bajo los criterios que son mostrados por la historiografía. Es obvio que el propio pueblo vio en el gobierno norteamericano de 1916 a 1924 una verdadera ocupación y otros acontecimientos han sido identificados. Pero no todos han sido vistos con los criterios construidos. 

En su trabajo “Transición de la Esclavitud al Trabajo libre en Santo Domingo: El Caso de Higüey (1822-1827)”, Quisqueya Lora H. nos transcribe una interesante pregunta que formulaban los empadronadores de un censo realizado en Higüey en 1822. Ellos preguntaban a la población que “si en algún caso tenían conocimiento de que en este partido pudiese haber algunas propiedades pertenecientes al Estado por algún medio legítimo, tal como cuando la cesión de esta Parte Española a la Francia o bien sea a la expulsión de los franceses por los hijos del país o por el cambio de gobierno del 1ro de diciembre del año próximo pasado de 1821” (pg. 65). 

Como se observa, en esta pregunta, los empadronadores del censo de Higüey no cuestionaban sobre era de Francia, reconquistas, era de España o España Boba, independencia efímera y otros procesos, ellos le llamaban tal y como lo conocían en 1822: cesión de la parte española a la Francia, expulsión de los franceses por los hijos del país y el cambio de gobierno de 1821. 

Ante estos detalles, se hace necesario comenzar a revisar la periodicidad de la historia dominicana y, siguiendo a los dominicanos de la época o de cada etapa, comenzar a llamar a esos períodos tal y como ellos lo conocían o por lo menos cercano a su nomenclatura, sin las tendencias de una maniqueada historiografía estatista. 
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch

Ascenso y descenso del Suroeste


Por Welnel Darío Féliz

Hacia 1492, a la llegada de los castellanos encabezados por Cristóbal Colón, los cronistas coinciden que la región del suroeste era la más poblada, mejor organizada y la de mayor nivel de cultivo de la isla.

Bartolomé de Las Casas sostiene que tenía unos 200 señores, con el Bohechío como cacique principal y que eran personas “de mucha nobleza, una lengua delgada, de suaves vocablos, muy pulida; las mujeres y los hombres eran los de más hermosas facciones, cuerpos bien formados, sus gestos y vivir diarios eran mayores que los demás habitantes”.

Además, allí se desarrollaba una profusa agricultura, en la que empleaban sistemas de regadío: almacenaban aguas en fosos, con la que regaban grandes extensiones de tierras, produciendo así excedentes que les permitían negociar con los habitantes de otras regiones. El algodón fue uno de sus principales productos.

El exterminio paulatino de los tainos suroestanos en los primeros años del siglo XVI no eliminó la vocación agrícola y productiva de la región. Después de la caida de la extracción aurífera y el crecimiento de la ganadería, cuyo mayor auge llegó en la segunda mitad del siglo indicado, el suroeste vivió una etapa de avivamiento. En la zona se instalaron unos 10 hatos, muchos de los cuales estaban en la cuenca del Río Neiba (Yaque), entre ellos: Cristóbal de la Sal, Pesquería, La Otra Banda y otros. Todos estos hatos tenían sitios de crianza, un pequeño lugar habitado y conucos para la siembra de víveres. 

Esta etapa de cierto florecimiento poblacional y económico se vió coartada repentinamente en 1606. Entre el 28 de septiembre y el 6 de octubre todos estos hatos fueron eliminados: quemados los bohíos, destruidos los conucos y trasladados los ganados y habitantes hacia las cercanías de Azua. Así inició el siglo XVII para el suroeste: despoblado y sin actividades productivas en la zona. Durante la centuría algunas incursiones no sedentarias se dieron. Era costumbre que los pescadores de Azua y Santo Domingo se trasladaran a la había a esos fines y allí, también podían sembrar algunos productos que podían servir en su momento para su manutención. Asimismo, las minas de sal fueron explotadas, no de forma intensiva, en ocasiones, cuando no cuajaba la sal en Puerto Hermoso, o, como en 1686, cuando se permitió su explotación a unos comerciantes, para con su venta construir dos vergantines para la defensa de Santo Domingo.

El siglo XVIII trajo nuevos aires al suroeste. La ocupación del oeste de la isla por los franceses y la instauración del sistema de plantaciones trajo consigo una alta demanda de productos, principalmente carne, que los españoles estaban dispuestos a suplir. De forma progresiva el suroeste se fue repoblando, reactivando los antiguos hatos e instalando otros nuevos, asimismo, se fundaron pueblos, como Neiba, en 1735, e inició una importante producción agrícola, tanto en los conucos de los hatos como en otros sitios. Para estos años, el espacio ambiental del suroeste no era ya el mismo. Las antiguas extensas zonas agrícolas de los tainos, sin uso durante más de 200 años, habían sido ocupadas por el bosque, los árboles se habían robustecido y las montañas y zonas bajas intactas, la caoba, guayacán, ébano, pino, roble, capá, baría, membrillo, espinillo, candelón, higo, chicharrón, jobo, cabilma, laurel, guasumilla, almácigo y la cigua las poblaban. 

La última década del siglo XVIII fue de vicisitudes y sobresaltos para los suroestanos. Hacia 1791 estalló el movimiento de liberación de los esclavos en Saint Domingue, lo que coartó el comercio ganadero y agrícola, con mucho crecimiento por entonces, y en los años siguientes, la ocupación inglesa de Neiba y varias penetraciones de los libertadores más allá de la frontera generaron desasosiego de la zona. Los habitantes entonces apelaron a un comercio que venía tomando cierto auge en el último cuarto del siglo: la madera. 

El siglo XIX inició para los suroestanos con el comercio maderero. En una fecha temprana como 1801 Toussaint Louverture fundó Barahona y ese pueblo y el puerto de su nombre se convirtieron en el lugar por excelencia para el embarque. Primero se talaron los bosques cercanos al mar y a los ríos (surgiendo así pueblos como Rincón hoy Cabral) y luego la penetración fue más hacia la sierra. Durante la presencia francesa fue este comercio el que sostuvo la administración, por igual, fue el que ayudó bastante a los habitantes durante el control español. Asimismo, sirvió de base económica suroestana en los años de la dominación haitiana, años en los cuales los censos agrícolas indican la existencia de más de 600 unidades productivas y unos 9 cortes permanentes. Fue una etapa en que la gente vivía, comía y vestía sin muchos esfuerzos, pues de lo que ganaba en los cortes, según Sir Robert Schomburk, podía comer hasta 6 meses sin volver a trabajar. El ganado y productos agrícolas se vendían, así como algunos bienes terminados.

Pero la madera no era para siempre. Ya para la década de 1850 daba signos de agotamiento. Por entonces, las montañas y lugares cercanos a los ríos tenían solo arbustos, por lo hubo que ir más arriba y lejos en su búsqueda, dificultando su extracción, solo considerar que se abrieron cortes en la la loma de Los Pinos, hacia 1855, en Neiba. Al agotamiento de la madera se unió la guerra a partir de 1844. La contienda bélica por el Estado dominicano fue nefasta para los suroestanos. Ella no solo obligó a la inclusión de los hombres al ejército, sino que fue por aquellos sitios que se produjeron las principales penetraciones haitianas, consumiendo toda la producción agrícola y el ganado. Asimismo, la espectativa era constante, lo que provocaba el abandono de los cultivos. A la guerra por la independencia se unió la de la Restauración y luego la de los sies años, enteramente escenificada en el suroeste, todas con los mismos efectos. Era tanta la crisis, que la genta comía caña como alimento principal, escasos pescados y rubros, consumiento poca carne.

Durante los primeros 30 años de existencia del Estado los habitantes del suroeste se debatían en la miseria. Esta no era una realidad desconocida para el Estado, de allí que los gobiernos trataron de impulsar proyectos que le cambiaran. Una de las primeras medidas era el incentivo hacia cultivos agrícolas como el café, lo que provocó en Panzo, en Neiba, y en otros sitios, algunos comenzaran a sembrar café en la década de 1870. Por entonces, Barahona era un pueblo casi desabitado, paupérrimo, pero su potencial como pueblo principal, a partir del puerto, era reconocido, de allí que se votaron iniciativas para que desde él se pudiese cambiar todo el suroeste. Así, hacia 1882 se le dio categoría política de distrito a la región, separandola administrativamente de Azua, abriendo el puerto para exportación e importanción (no como estaba desde 1875 solo para exportación) y se le concedió al ayuntamiento de Barahona la administración de los beneficios que generarían las aduanas terrestre de Tierra Nueva y el puerto marítimo, las patentes que cobrase y todos los impuestos por alcabalas y transporte. Todo estaba dirigido a la instalación de escuelas, a la mejora de los caminos, al impulso de la agricultura, al incentivo de las poblaciones. Asimismo, se tomaron medidas para eliminar el tráfico ilícito de mercancías desde Haití, incentivando a comerciantes a que se instalacen en la región. Algunos servicios, como las boticas, fueron exonerados de patentes. Iniciaron años de transformaciones que llevarian a Barahona y la región a una importante estabilidad y desarrollo económico. Aunque la madera se siguió comercializando, ya no era un renglón de importancia en la economía regional.

El siglo XX inició como mucha inestabilidad polìtica en la región, pero tal no afectó sustancialmente la evolución económica. En Polo aumentó la producción cafetalera, así como en otros sitios cercanos a Barahona. Hacia 1802 se instaló la compañía algodonera Habanero Lumber Co., la que construiría el muelle años posteriores, contratando mano de obra para tales fines y ya hacia 1916 inicia la instalación del Ingenio Barahona, emporio azucarero que transformó el ambiente y la economía de la región. Para que se tenga una idea del impacto de esta última industria, hacia 1917 se patentizaron en Barahona 44 comercios y para 1924 unos 214 se registraron en los libros del ayuntamiento. El crecimiento de la población fue notorio, así como la estabilidad social y un cierto estado de bienestar. 

Al café de Enriquillo, Panzo, Polo y Las Lomas y al ingenio, se unieron varias industrias, dedicadas a trabajar con maderas y para 1943 se apertura definitivamente la extracción de sal y yeso de los montes de Las Salinas; por igual, para los últimos años de la década de 1950 la Alcoa Company abre su explotación de bauxita en Pedernales. Todas estas empresas y minería empleaban mano de obra. Creció así el comercio, la producción agrícola, el poder adquisitivo, también se asistió a una transformación en los espacios educativos y culturales dandole a los pueblos de la región un impresionante auge en todos los ordenes. 

Toda esta estabilidad y desarrollo se mantuvo durante unos 80 años. Para la década de 1970-1980 se comienza a observar cierta disminución en la producción cafetalera en Panzo y Enriquillo y pocos años después la Alcoa sale del territorio pedernalense. En los primeros años de la década de 1990 Polo y Barahona comenzaron a experimentar los efectos de la evolución familiar. Por entonces, los comercios en Barahona comenzaron a mermar, por igual, grandes extensiones de tierras en Polo sembradas de café dejaron de ser atendidas: muchos de los hijos no continuaron con las actividades de sus padres y prefirieron vivir en Santo Domingo. En Polo, algunas personas y familias comenzaron a monopolizar la tierra y la producción, lo que provocó que miles de pequeños productores que existían en la década de 1970 desaparecieran.

El golpe de gracia fue propinado a partir de 1997, con la capitalización de las minas de sal y yeso y del ingenio. En ambos casos asistimos a perdidas masivas de empleos y, por tanto, a una disminución del poder adquisitivo. Correlativamente con ello, disminuyó el comercio, las actividades agrícolas y otros renglones. En algunos pueblos comenzó a mermar la población y en otros a experimentar estaticidad. La emigración sureña se hizo presente. Muchos se mudaron a Santo Domingo y otras ciudades del país, otros a Estados Unidos o Europa. Es precisamente en los lugares cuyo número de migrantes es mayor, como Vicente Noble, que es notoria una interesante actividad económica y cierto bienestar, además de un crecimiento paulatino de la población. 

El descenso del suroeste es notorio, su población se debate en la subsistencia, en la busqueda incierta del alimento, en el endeudamiento, en la delincuencia, la inestabilidad social y el fraccionamiento de las familias. Pero las esperanzas no desaparecen y así como ha ocurrido en el derrotero de su historia, el suroeste resurgirá de sus cenizas. Hagamoslo.

"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés." Antonio Machado

Participación Ciudadana y Control Social en Barahona a Finales del Siglo XIX


Por Welnel Darío Féliz


En estos días el Senado de la República fue escenario de unas vistas públicas, para escuchar las opiniones de la los ciudadanos y las organizaciones sobre el proyecto de Ley Orgánica de Participación Ciudadana y Control Social, una interesante pieza legislativa, presentada por el Senador Félix Bautista, que busca regular, importantizar, promover y concienciar la participación del pueblo en el que hacer del Estado. En esencia, el proyecto fija las directrices para la celebración de referéndum y plebiscitos nacionales, derecho de petición, demandas de rendición de cuentas, veedurías ciudadanas y otros mecanismos. Refiere, además, a las leyes sobre Acceso a la Información, Iniciativa Legislativa Popular, participación local y otras conexas.


Esos procesos de participación que establecen las leyes, incluyendo los cabildos abiertos y otros mecanismos locales, son, en su mayoría, de inclusión reciente en las leyes dominicanas. A todas luces, son procesos transformadores y trascendentales, que vienen a cambiar los espacios de inclusión de la ciudadanía en los procesos y ejecuciones del Estado y de los representantes. Sin embargo, una mirada a la historia política, institucional y social del país nos muestra que algunos de esos procesos no son nuevos, incluso, varios de ellos existían en los primeros años de la existencia del Estado y eran utilizados con regularidad por los ciudadanos. Tales son los casos del ejercicio del derecho de Petición, los cabildos abiertos y la participación e intervención en las discusiones plenarias de las salas capitulares.


Los cabildos abiertos constituyen una figura de participación que vino de la mano con la instauración de los primeros cabildos coloniales, en usanza por entonces en Castilla y Aragón, y se instituyó durante toda esta etapa. Fueron estos en donde se decidió la independencia de varios países sudamericanos y donde se tomaban decisiones trascendentales para la comunidad representada.


En Barahona, en los últimos años del siglo XIX, estos mecanismos de participación fueron muy utilizados por los munícipes y los ayuntamientos, en la mayoría de los casos con un mucho éxito, contribuyendo al desarrollo y transformación de la comunidad en general.


El 16 de enero de 1879, los habitantes de Barahona y pueblos aledaños, peticionaron (el derecho de petición estaba consagrado en el artículo 11 numeral 10 de la Constitución del 15 de mayo de 1878) al Congreso que Barahona sea erigida en distrito marítimo, contestando el congreso (estaba obligado a responder) con la negativa de la elevación. El 25 de marzo de 1881 peticionaron nuevamente (amparados en el artículo 11 numeral 11 de la Constitución del 17 de mayo de 1880), nueva vez siendo negada la solicitud. Sin embargo, aunque en ambos casos el Congreso rechazo la petición, encontró eco en el presidente, que por decreto creó el Distrito Marítimo de Barahona. En los años siguientes, Las Damas y Rincón peticionaron también al Congreso, para que sean elevadas a la categoría de Municipio el primero y de Cantón el segundo, siendo ambos considerados y elevados de categoría política. Otros pueblos del país peticionaron tales concesiones políticas y fueron satisfechos.


Asimismo, el cabildo abierto fue un mecanismo utilizado por el ayuntamiento de Barahona en los primeros meses de su instalación. En mayo de 1881, los habitantes de la villa informaron al ayuntamiento que habían recibido informaciones de familiares y amigos, relativas a que en Santo Domingo se había desarrollado la viruela maligna; ante delicada situación, que puso en temor a la población, el edil convocó al pueblo a un Cabildo Abierto, a celebrarse el día 12 de este mes, buscando reglamentar lo más conveniente en el particular. Allí se presentaron varios vecinos, quienes expresaron la preocupación general y deliberaron sobre medidas pertinentes a tomar. En colectivo, la decisión tomada fue: Fijar una observación rigurosa de seis días a todo buque procedente de la capital, y a los procedentes de Azua, tres días, si han pasado allí su observación; y no habiendo pasado, quedar en la misma condición que los procedentes de la capital. Dicha observación debe efectuarse en el lugar denominado “Rancho del Curro” (Féliz, Historia de Barahona, p. 301).


Asimismo, la intervención y oposición a las decisiones del ayuntamiento fueron recurrentes, escuchando y satisfaciendo la sala capitular lo solicitado. Una situación muy particular e interesante ocurrida en 1887 ilustra. En este año estaba latentes los intentos por construir un ferrocarril, que partiendo del puerto de Barahona, comunicaría con Neiba y pueblos cercanos. Ante la concreción de la obra, algunos inversionistas vieron la posibilidad de hacer algunos negocios importantes, principalmente con la posesión y uso de los terrenos alrededor de los lugares de embarque y cruce del medio de transporte. Uno de ellos fue José María Larcada, quien se asoció con Eduardo Acebedo, el que se encargaría de gestionar el arrendamiento de los terrenos con el ayuntamiento y las autoridades. Ante tal situación, reaccionó una parte del pueblo, principalmente algunos comerciantes, quienes produjeron un escrito público y, al mismo tiempo, dirigido al ayuntamiento en el que criticaban la concesión y solicitaban al edil la negativa. En la sesión del 22 de abril se conoció del problema, declinando el presidente el ayuntamiento el conocimiento por un formalismo (no estaba sellado ni pagados los impuestos de envío), lo que fue criticado por algunos de los regidores, generándose una discusión que al final concluyó permitiendo la intervención y defensa de uno de los munícipes en la sala. Al final la concesión se aprobó.


Como puede observarse, los mecanismos de participación fueron muy utilizados por la población barahonera en los finales del siglo XIX, logrando en muchas ocasiones sus objetivos y en otras, sin resultados positivos, se hicieron sentir con fuerza, tras la mejoría de los intereses propios y también de la comunidad. Todos estos espacios de participación y empoderamiento de la colectividad motorizaban el trabajo de los regidores y del síndico, quienes se mantenían vigilantes de la cosa pública, bajo la mirada acusadora y expectante de la ciudadanía, contribuyendo a cambiar a la yerma, mísera, despoblada y casi olvidada aldea Barahona de 1879, en un pueblo próspero, desarrollista y numerosamente habitado en los años siguientes.


"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés." Antonio Machado

Elecciones Presidenciales en Barahona… en 1886


Por Welnel Darío Féliz

Este veinte de mayo el pueblo dominicano se apresta a elegir a su presidente para los próximos cuatro años. Es la culminación de un proceso que debería ser sencillo, con las debidas promociones, propagandas, adhesiones, propuestas, debates, consultas y otras acciones propias del sistema democrático. Pero tal no ha ocurrido. Ha sido una campaña traumática, caracterizada por las acusaciones mutuas, las ofensas, las mentiras, los manejos de palabras, las tergiversaciones y otras cuantas cosas más que no caben en este párrafo. Asimismo, ha sido muy particular, principalmente por los miles de movimientos, partidos, grupos, personas –artistas, deportistas, escritores, relojeros, joyeros, aguacateros, arroceros, empresarios, domésticas, jardineros, vendedores, colmaderos- que han mostrado su apoyo a uno u otro candidato.

Por igual, se trata de una lucha intensa por la estabilidad económica personal: unos no quieren salir y otros quieren entrar al tren gubernamental. Como de tal se trata, no han faltado las presiones en las oficinas públicas, ni tampoco las intervenciones telefónicas, las invitaciones imperativas, la colocación de grabadoras y micrófonos en lugares de trabajo, el acecho, las persecuciones, las cancelaciones, los temores. Todo va acompañado de una presión de los grupos hacia los partidos y de estos hacia las personas, buscando el encuadramiento, la adhesión pública, sin escatimar esfuerzos, erogación de fondos para agenciarse apoyo, negocios con cédulas, pagos por traslados, en fin, todo tipo de acciones que permitan lograr una mayoría que permita dominar el Estado. Con el triunfo de tal o cual candidato, los movimientos, grupos y personas consideran tener el futuro asegurado. Se podrá ver luego el pugilato por el control de las arcas públicas, a un dirigente de un partido al frente de una oficina estatal, a tal buscando una colocación, lloverán las quejas, los gritos, los lamentos y los arrepentimientos. Es un verdadero pandemónium lo que vive y vivirá el país.

Lo cierto es que asombra cómo un pueblo civilizado, con un sistema educativo actualizado y de primer orden, con una bajísima tasa de analfabetismo, inserto por completo en la tecnología, con influencias de procesos eleccionarios de países desarrollados y con estadios superiores en materia electoral, con una experiencia de más de 160 años en tales procesos y con una conciencia que debe estar definida, aun se arrastre en una campaña con los matices de las que se llevaban a cabo en centuria decimonónica. Una mirada a las elecciones en el tiempo solo nos dice que en realidad no hemos avanzado y que en el 2012 todos actuamos igual, con las mismas acciones, actuaciones y mañas que las de finales del siglo mencionado. El ejemplo de las elecciones en Barahona en 1886 nos ilustra.

En junio de 1886 se celebraron las elecciones para elegir al presidente de la República. En aquel certamen los candidatos eran Ulises Hilarión Heureaux (Lilís) y Casimiro Nemesio de Moya. Fue una campaña intensa y tenebrosa, en la cual se aplicaron todo tipo de acciones para doblar el pulso colectivo a favor de Heureaux. Para alcanzar sus metas, Lilís hizo de todo: amenazó, encuadró a los gobernadores bajo su control y a los comandantes de armas, compró conciencias y ofreció recursos para el manejo de los datos en cada ayuntamiento, imprimió temor entre los empleados públicos, empresarios, inversionistas, políticos y todo aquel que pudiese influir en las elecciones. En adición, prohijó la creación de comités municipales de apoyo a su candidatura, los que se encargaban de canalizar las acciones, para expiar, delatar y hacer cada cosa a favor del candidato.

Tal campaña estuvo caracterizada por la división de los grupos. Los más conservadores: militares, comerciantes, empleados y otros, apoyaron a Lilís, pero los jóvenes con ideas de progreso, algunos influenciados por los aires renovadores que oteaban en el cielo de la República apoyaron a De Moya, un apoyo tan profuso, que al decir de Gregorio Luperón este contaba con la mayoría del país (Notas biográficas, T-III, p. 219).

Barahona era uno de los pueblos, al decir de Jaime Domínguez, en que De Moya concitaba más apoyo (La Dictadura de Heureaux, P. 18), de allí que dirigió sus cañones a lograr cambiar tal situación. Su primera acción fue asegurar la adhesión de José Dolores Matos, gobernador del distrito y del comandante de armas de la villa, así como de los encargados de cantones, secciones y otras comunes de la comarca. Posteriormente enfiló hacia los regidores y el síndico. En principio Lilís ofreció pagarles para que le den su apoyo y si tal no era aceptado, por lo menos que cambiaran el resultado de las votaciones.

Pero allí Lilís se encontró con un verdadero valladar de conciencia.  La mayoría de los integrantes eran jóvenes ( el ayuntamiento estaba integrado por Manuel Coiscou, Jaime Mota, Alejandro Michel, Leopoldo Michel, Candelario de la Rosa, Nicolás Lembert y Elías Franco y por el síndico Francisco Vásquez) que respondían a los criterios y propuestas liberales, de allí que de forma enérgica su presidente, Coiscou, expresó  que la misiva tenía palabras ofensivas a la corporación y que debía contestársele que la corporación se sujetaría en las elecciones al estricto cumplimiento de su deber y que lo único que le ofrecía la corporación era la equidad y legalidad en sus actos, sin que tuviera por eso que remunerar a la corporación en modo alguno como el ofrecía en su comunicación (Sesión 3 de abril de 1886. AGN, libro 1, Barahona), recibiendo el apoyo de todos y autorizando se enviara a Lilís. Pero tales declaraciones provocaron un revuelo en el pueblo, comentarios, críticas y oposiciones, interviniendo el gobernador, optando luego por no remitir tan tajante negativa.

A finales de abril, el comité Heureaux-Imbert de Puerto Plata llamó a todos los ayuntamientos a apoyar y hacer propaganda a favor del dueto, lo que levantó la indignación del edil barahonero, contestándole que no se ocupa en asuntos de elecciones y que solamente atenderá en ella en los días de recibir los votos y hacer sus actas, pues así se lo prescribe la ley de elecciones. Sí les ofrecemos la legalidad en nuestros actos, que es cuanto podemos ofrecerles (Cartaal comité Heureaux-Imbert, 11 de mayo de 1886. AGN, libro 6, Barahona, copiador de oficios).

Esa carta, que si fue remitida, levantó la indignación del comité de Barahona (integrado por Nolasco Suero, Carlos Michel y Manuel María Féliz), del gobernador y de varios regidores que vieron peligrar sus intereses y comenzaron a instigar contra los demás. Con todo, el presidente del edil se mantuvo incólume, al igual que otros regidores –como Jaime Mota y Candelario de la Rosa- los que contaron voto a voto sin doblegarse a la presión política y social. El certamen lo ganó Lilís 159 a 530.

El triunfo de Heureaux, aunque no oficial a nivel nacional, pero si local, inmediatamente dividió al ayuntamiento y generó un caos social e institucional. Las presiones, las amenazas, los vituperios, el temor infringido y toda clase de aptitud hacia los firmes miembros del edil provocó la lejanía absoluta de algunos y el levantamiento de Candelario de la Rosa, el cual se retiró al monte a luchar, no solamente en apoyo a De Moya quien encabezó la rebelión en el Cibao, sino tras su propia protección, pues era perseguido y rodeado de inseguridades.

El ayuntamiento duró entonces unos tres meses sin operar, prácticamente sin sala capitular ni síndico, lo que sumió en el caos al pueblo: Las calles se ensuciaron, cerraron las escuelas, no se pagaron los impuestos ni operaron los servicios públicos, pues no había dinero para pagarles. El 24 de agosto se reunieron para tratar de solucionar tal situación, pero las amenazas llovieron nuevamente y se retiraron definitivamente de sus funciones.

Tal situación sumió en el caos al ayuntamiento, cuyo síndico, apoyado en el gobernador, dirigió las elecciones ordinarias para elegir a los nuevos regidores y al síndico, los cuales debían tomar posesión el 1ero de enero de 1887. Pero era tanta la desestabilización social e institucional, emocional, las presiones, las críticas y las amenazas, que se tomó la decisión de que los nuevos regidores tomaran posesión un meses antes. Para que tal traspaso fuera legal, se convocó la presencia de algunos de los antiguos regidores, quienes asistieron en tal única ocasión a los fines de lugar. Los nuevos regidores y el síndico eran lilisistas, entre ellos, los que integraron el comité Heureaux-Imbert en Barahona.
 "La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés." Antonio Machado

Una mirada a las elecciones Presidenciales Dominicanas

Las elecciones presidenciales de República Dominicana se realizarán el proximo 20 de mayo del 2012.
 
Por Welnel Darío Feliz
Estamos en una intensa campaña electoral. De tan importante e interesante acontecimiento ningún dominicano está ausente o es indiferente. De alguna forma, el efecto de la política nos toca, sea directa o indirecta, pues es esa actividad la que puede definir el futuro inmediato colectivo del país, espacio geográfico en el que estamos todos.
La campaña constituye el paso previo a la más genuina expresión de la democracia: El ejercicio del voto. Allí, la igualdad que proclama la Constitución se concretiza, pues el pueblo elige, por mayoría, a quien entiende y él se convierte en el primero entre sus iguales, el encargado de administrar los recursos de la comunidad jurídica y aquel en quien subyace la obligación de brindar bienestar a todos los dominicanos, e incluso, a los extranjeros residentes legales e ilegales.
Como jefe de Estado y de gobierno la Constitución concede al presidente atribuciones específicas y otras ambiguas, muchas de las cuales son ampliadas y varias concedidas por las leyes. Tantas y tan variadas atribuciones son en realidad imposibles de ejercer personalmente con eficiencia, de allí que el presidente se rodea de tantos ministros y funcionarios como sean necesarios. Así, al momento de elegir a un presidente, no se elige solamente a quien lo sustituirá en caso de ausencia temporal o definitiva, o sea, al vicepresidente, sino, por igual, a todo un ejército de seguidores que le acompañarán en la difícil tarea de administrar un Estado.
Dadas esas situaciones, el ejercicio principal de los derechos ciudadanos consagrados en el artículo 22 de la Constitución, no es simplemente el acto, la acción de marcar una boleta y depositarla en una urna, sino que es la concreción de una operación que debe ser pensada y analizada, que debe ser puesta en perspectiva, en orden de prioridad, una decisión y actuación no sentimental, sino concreta, definida, palpable, motivada por los elementos objetivos que permitan en lontananza visualizar el sostenimiento, crecimiento, desarrollo y transformación del Estado como ente jurídico y por ende de la sociedad y de los hombres, mujeres, adolescentes, adolescentas, niños, niñas, párvulos y párvulas que la componen.
No se trata exclusivamente de elegir un hombre que sea inteligente, sabio o con pocas dotes intelectuales, buen administrador, jurista, calmado, enérgico, espontaneo, coloquial, muy refinado o natural, critico, franco o cauteloso, sincero o disimulador, feo o bonito, calvo o con cabello, con barriga o sin barriga, gordo o flaco, de tez oscura o clara, con bigote o sin bigote, de tal o cual partido o de tales o cuales condiciones. Es elegir a alguien que demuestre un absoluto respeto por la Constitución y las leyes, que prometa hacer cumplir a cabalidad el significado del Estado social que proclama la Carta Magna, que posea sensibilidad social para detectar los problemas que afectan a la sociedad y emplee los medios para solucionarlos, que viva en el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que esté rodeado de hombres con las mismas inquietudes, que posea como proyecto una distribución equitativa de los bienes estatales, que voltee su mirada a los 48,358 kilómetros cuadrados del país más allá de los 90 del Distrito Nacional, que comience a tomar las medidas necesarias para fortalecer la educación básica y media, que ponga en práctica mecanismos para el acceso a servicios de salud eficientes, que impulse el desarrollo agrícola como fuente fundamental de alimentación y riquezas, que prohíje el empleo y combata la inseguridad social, que levante las obras que necesita el pueblo en todo el territorio nacional, que priorice la seguridad alimentaria, social y física de los infantes, que contribuya a paliar el déficit de viviendas y cree una ambiente de paz y bienestar en cada habitante de esta poco más de media isla.
Un presidente amigo, ameno, afable, no distante, que no sea cerrado ni elitista, que no vea el Estado democrático como una monarquía, un poco menos global y más insular, sin ambiciones de control estructural ni protagonismo histórico, un presidente como sus iguales, que no construya su imagen mediáticamente a expensas del Estado, ni se sienta volar como águila mirando el país desde el tope de las doce millas del espacio aéreo, un presidente que no sienta por encima de todos los dominicanos.
Así, el votante que se apersone al colegio electoral el próximo 20 de mayo se apresta a elegir a su representante por los próximos 4 años. Son cuatro años, 1,460 días, 35,040 horas, 2, 102,400 minutos y 126, 144,000 segundos. Cada uno de ellos los viviremos. Es posible pensar en algún momento en el bienestar del país.
"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés."Antonio Machado

El Ayuntamiento de Cabral y la Rebelión de Abril


La Revolución de Abril de 1965 fue uno de los acontecimientos militares mas trascendental del siglo XX en República Dominicana.


Por Welnel Dario Feliz

La rebelión de abril fue uno de los acontecimientos bélicos más importantes del siglo XX en el país. Aunque en un principio no fue un movimiento nacional, sino muy exclusivo de la ciudad de Santo Domingo, incluyó a grupos militares, políticos, sociales y económicos, de allí que su impacto colateral arropó a todo el país.


La causas de la rebelión fueron varias. Los alegatos justificadores y legitimadores fueron la vuelta a la constitucionalidad perdida en 1963, de allí que se denominó “Movimiento Constitucionalista”. Era una causa sentimentalista que concitaba el apoyo del pueblo, principalmente de jóvenes empoderados de los aires transformadores que soplaban en América. Para otros, principalmente para los militares y grupos económicos, fue una lucha de intereses, por el reposicionamiento dentro de las filas castrenses y el control de los negocios del país.


Mientras que los que encabezaban el movimiento en Santo Domingo incitaban a las masas reclamando el respeto por el sistema constitucional y la vuelta al poder del gobierno legal y legítimamente constituido en 1963, las voces contrarias y golpistas contraatacaron las acciones negando tales objetivos y propagaron la idea de que el movimiento buscaba instaurar en el país al comunismo. Tal criterio fue el que arguyó el gobierno de los Estados Unidos para el envío de tropas de la Fuerza Interamericana de Paz para lograr la pacificación de la ciudad.


Si bien que el movimiento fue apoyado por muchos, no todo el país se plegó de lleno a él. Hasta ahora, pocos estudios han enfocado la rebelión y guerra de abril desde el punto de vista social y su apoyo y efecto en todo el territorio. Más bien se enfocan situaciones políticas y los hechos con mucha incidencia en los habitantes de Santo Domingo. Todo indica que en definitiva, una mayoría del pueblo por lo menos no reaccionó ante el movimiento y líderes locales hicieron mutis ante él. Otros, incluyendo autoridades, reaccionaron contra el mismo, imbuidos por los criterios que hizo propagar el denominado “Gobierno de Reconstrucción Nacional”.


Posición asumida por el Ayuntamiento de Cabral
Las autoridades del municipio de Cabral del 1965 fueron de las que se enmarcaron en el denominado “Gobierno de Reconstrucción Nacional”.

El 19 de mayo, el presidente del ayuntamiento y el síndico firmaron una resolución en la cual rechazaban el movimiento considerándolo como comunista y condenó a los malos dominicanos, citando como tales a Juan Bosch y a Francisco Alberto Caamaño, a los que llamó secuaces acusándolos de que habían sumido nuestra Patria en el dolor, la desesperación y la muerte. El ayuntamiento entendía que el levantamiento respondía a toda una red internacional comunista, situando a Bosch y a Caamaño como mensajeros de Moscú, Pekín y la Habana.


La resolución, las autoridades elogiaron y agradecieron a las fuerzas armadas por su pronta actuación, para evitar se cristalizaran el propósito de los indicados líderes político y militar quienes querían hacer de nuestra patria, una segunda cuba.


Expresaron así, Que las grandes mayorías de este municipio han expresado su anhelo por una pronta solución a los granes (sic) problemas que afectan nuestra patria, por lo cual respaldaron constitucionalmente toda acción que se pueda tomar para solucionar este estado de cosas, a fin de llevar a la gran familia dominicana, la tranquilidad anhelada.


En ese entonces, el presidente del ayuntamiento era Juan Bautista Féliz, el vicepresidente Virgilio Féliz Nona, acompañados de Elías Fernández y Manuel E. Féliz, siendo Síndico Julio César Marmolejos.


Aunque puede considerarse que tal resolución respondió al criterio de dependencia gubernamental del ayuntamiento, la misma señala el concepto que muchos tenían de la rebelión y la falta de apoyo generalizado hacia la misma. De hecho, se conoce poco de acciones o decisiones populares escenificadas en Cabral y pueblos aledaños en apoyo al movimiento constitucional.

He aquí la transcripción completa de la resolución:

Resolución #11

Considerando
: Que el pueblo del municipio de Cabral es esencialmente democrático y cristiano.
Considerando
: Que gracia (sic) a la pronta actuación de las fuerzas armadas (sic), los mensajeros de Moscú, Pekín y la Habana no cristalizaron sus propósitos de hacer de nuestra patria, una segunda cuba.
Considerando:
Que el gobierno de reconstrucción nacional, basada (sic) en los principios democráticos que le dieron origen, se ha impuesto la noble y urgente tarea de reconstruir el país (sic) y propiciar unas elecciones, en un tiempo prudente cuyos resultados (sic) sean de la plena voluntad del pueblo.
Considerando:
Que las Fuerzas armadas (sic) y el gobierno de Reconstrucción Nacional han agotado todos los esfuerzos para lograr una solución pacífica, encontrando sólo incomprensión y escarnio en la facción disidente.
Considerando:
Que las grandes mayorías de este municipio han expresado su anhelo por una pronta solución a los grandes (sic) problemas que afectan nuestra patria.

Ayuntamiento del Municipio de Cabral, en uso de sus facultades legales resuelve:Artículo primero: Repudiar la doctrina atea y totalitaria del comunismo y condenar los malos dominicanos que como Juan Bosch, el coronel Caamaño Deñó y sus secuaces, han sumido nuestra Patria en el dolor, la desesperación y la muerte y responsabilizarlos por todos los males que puedan sobrevenir a nuestro pueblo.
Artículo segundo
: Felicitar las Fuerzas Armadas por su patriótica actuación, al rescatarnos de las manos del comunismo internacional; al gobierno de Reconstrucción Nacional, por la patriótica responsabilidad asumida en estos momentos decisivos para la patria.
Artículo tercero
: Respaldar constitucionalmente toda acción que se pueda tomar para solucionar este estado de cosas, a fin de llevar a la gran familia dominicana, la tranquilidad anhelada.

Dada en la sala de sesiones del ayuntamiento del municipio de Cabral, a los 19 días del mes de mayo del año 1965, año 122 de la independencia y 102 de la Restauración.


Julio César Marmolejos
Síndico Municipal
Juan Bautista Féliz
Presidente del Ayuntamiento 
Virgilio Bienvenido Féliz
Secretario
"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés." Antonio Machado

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