Reflexiones sobre el adverbio "casi"



En algunas situaciones “casi”  encierra una concepción imperiosa, un ser o no ser.

Por Rafael Peralta Romero 

Un muchacho semirural, del nivel medio escolar, se sienta frente a un sacerdote jesuita que ha de someterlo a una prueba de inteligencia. El religioso español, director de un centro de estudios vocacionales, quiere percatarse de la capacidad de discernimiento del chico y comprobar cómo ha asimilado los estudios realizados. 

Le pregunta sobre aritmética, geometría, algo sobre la lengua y otros lances de los que el estudiante salió airoso. Luego viene esta cuestión: A ver ¿qué prefieres tú, estar casi vivo o casi muerto? Sin pensarlo mucho, el muchacho respondió: Casi vivo. El cura se echó hacia atrás y sonriendo expresó: Pues yo no, prefiero estar casi muerto. 

El eclesiástico justificó su preferencia con el siguiente argumento: “Si tú dices casi me caigo, no te has caído; si dices casi encesto la bola, no la has encestado. Por eso quien está casi vivo no está vivo y si no está vivo ¿cómo está?”. “Muerto”, respondió el muchacho. Luego el jesuita agregó que quien está casi muerto, no está muerto y por tanto, está vivo. 

El estudiante quedó convencido, y dado que por una respuesta equivocada no le sería negado el ingreso al seminario, fue admitido, aunque no llegó a ordenarse. Han pasado cuatro décadas y el muchacho, que ya no es tal, ha querido ampliar su respuesta con estas reflexiones sobre el adverbio “casi” que disienten de la aseveración del jesuita. 

Supuse que la palabra “casi” tendría mucho espacio en el Diccionario, pero la comprobación, auténtico juez de la verdad, me hizo ver que no es así. Mire qué dice: “Poco menos de, aproximadamente, con corta diferencia, por poco”. El contenido semántico de “casi” parece corto, pero el sentido filosófico resulta largo. 

El adverbio tiene por función modificar la significación del verbo, de un adjetivo y hasta de otro adverbio. De modo que no es lo mismo decir “está vivo” que “está casi vivo” como tampoco resulta igual “está muerto” que “está casi muerto”. Creo que delante de los adjetivos “vivo” y “muerto” este adverbio adquiere un carácter absoluto. 

No se puede estar “aproximadamente vivo”, pues entonces no se está vivo. Quien se encuentre “cerca de” estar vivo tampoco lo está. Lo mismo va para “muerto”. La persona que por menoscabo de su salud esté al borde de la muerte, puede decirse que está casi muerta. Más si no puede valerse por sí misma ni tiene conciencia de las cosas. 

En otras situaciones, el “casi” adquiere cierta relatividad en la que merma o desaparece la antonimia entre dos elementos. Es decir, que porque no sea una cosa, necesariamente no tiene que ser lo contrario. El casi loco no es precisamente cuerdo ni el casi burro será inteligente porque no sea burro. En unos casos se da el punto medio. 

La relatividad de “casi” viene dada en que aun el sujeto de referencia no ostente la condición a la que se ha antepuesto el referido adverbio, “está cerca” de serlo o “con poca diferencia” lo sería. No es exactamente igual ser un sinvergüenza que un casi sinvergüenza. Pero que nadie alegue que por el “casi” no es sinvergüenza y por tanto es un hombre correcto. 

La desfachatez de un casi sinvergüenza será de menor gravedad o habrá ocurrido con menos frecuencia que como lo haya hecho quien lo es sin el “casi”, pero presentar esa condición le resta a la persona – hombre o mujer- la posibilidad de ser considerada como seria. En este caso, no hay disyuntiva, pues interviene una tercera posibilidad. 

La palabrita “semi”, que significa “medio”, suele intervenir en circunstancias como éstas. Esta partícula compositiva contribuye a formar palabras a partir de su adhesión a sustantivos y adjetivos a los que ayuda a disminuir valor semántico. Es la justificación del casi en un vocablo nuevo. 

Semidiós, semicírculo, semidifunto, semicabrón o semidragón denominan seres que guardan tal relación con elementos involucrados, que casi lo son. Pero no se ha planteado que quien no es dios sea un demonio o que lo que no fuere círculo sea un cuadrado. Y hasta difunto, sinónimo de muerto, nos llega en el DRAE acompañado de “semi” y el significado de “casi difunto”. ¿Qué decir de semifusa y semicorchea? 

Lo mismo sucede con algunos adjetivos, por ejemplo: semiabierto, semianalfabeto, semicircular, semiculto. Semiabierto no será abierto, pero tampoco cerrado; semicircular no es circular, pero casi lo es. Un semianalfabeto estará más lejos de ser un hombre culto que un semiculto, sin embargo, un semianalfabeto no es justamente un analfabeto. 

Con el adjetivo “rico” resulta fácil explicar la función de casi. Me gustaría preguntar a los lectores que siguen estas disquisiciones si prefieren ser casi ricos o casi pobres. Presumo que la mayoría optaría por la posición de casi rico, con excepción de los que ya disfrutan de bienes de fortuna. Ser casi rico nunca entrañará ser pobre, por el hecho de no ser rico. 

El adverbio casi le viene bien por igual al adjetivo “pobre”. Si lo tomáramos con disposición absolutista, “casi pobre” quiere decir que no es pobre y que por tanto es rico. Pero no es así, pues el “casi” le resta la condición extrema. Lo más incómodo de ser casi pobre sería haber sido rico o casi rico, pero para quien siempre fue pobre el ser casi pobre se torna en ascenso o mejoría. 

Aquí, entre nosotros, cuando se diga que un hombre es casi homosexual ¿queda dicho que no lo es? Tal vez no lo sea a tiempo completo, pero en alguna práctica ha incurrido para aproximarse a esa condición. Lo mismo vale para la mujer a quien se tilde de “casi cuernera”: el casi indica que no llega a serlo, pero sin duda trilla ese camino. 

En algunas situaciones “casi” encierra una concepción imperiosa, un ser o no ser, lo cual ocurre sobre todo con la alternativa “casi vivo” o “casi muerto”. Pero no se da igual en todos los casos, ya que también hay posiciones intermedias. De seguro, lo “casi negro”, no es negro, pero tampoco es blanco.
“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios” Juan Bosch

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