En el Cementerio Municipal de Cabral yacen y descansan en paz de manera eterna muchos Cabraleños ilustres, y otro no tanto. Uno de esos “acostados” vivió una vida con más historias y cuentos que los de “Las mil y una noches”. Ese grandioso personaje del cual hablamos se llamó Gari el Tuerto, el mismo del “Gallaso”.
La Garinga era reconocido en todos los barrios por los constantes pleitos y problemas en lo que participaba, alcanzando la fama del hombre mas guapo que existía en su tiempo.
En una jugada de barajas que constantemente se hacían en el Barrio Arriba de Cabral, por los previos de la plazoleta, llegó la desgracia. Gary que anda con un puñal en el cinto y “pasao” de tragos siempre, ya había perdido todos los chelitos que portaba y haciendo alarde de la fama que le precedía de hombre guapo, tomó las cartas y las rompió. ¡Este juego se acabó! exclamó Gari, con su puñal en la mano.
El grupo de jugadores, los cuales la mayoría estaban perdiendo, decidieron tomar venganza por la afrenta del llamado “guapo” y con una silla lograron quitarle el puñal y le cayeron entre “tó”, propinándole una soberana paliza que lo dejó sin conocimiento y de la cual sufrió hasta años después cuando le devino la muerte. Esta “apotemá” que le dieron a Gari incluyó “brazos rotos, un hombro dislocado, 4 ó 5 dientes menos, “guallones” por todas partes del cuerpo, en ojo bueno hinchado hasta casi ni ver, entre otros” según el informe médico.
Después de unos cuantos cubos de agua, y la explicación de lo que paso, ya que no recordaba haber visto “la placa del camión que lo arrollo”, emprendió la marcha cual muerto hacia el cementerio, es decir, San Andrés derecho pa’bajo. Ya estando en la calle Gastón F. Deligne con San Andrés (detrás de la Iglesia Católica) es interceptado por sus hermanos David y Pachuchi, quienes escopeta y chilena en mano y, viendo la condición de “muerto en vida” que lo habían dejado la gente del Pueblo Arriba, le dijeron:
-“Mi hermano, vamo a tomar venganza. Vamo’ a devolveno, que esto no se va a quedar así”.
Gari, ya recordándose de la pela que le habían dado y no queriendo que sus congéneres le pasara lo mismo o peor y para mantener su estatus de "El mas temido de Cabral", solo logro decirles:
-“¿Y ya pa’ qué?.... vamono que ya le di a tó”
"Siempre digo la verdad, incluso cuando hablo mentiras"

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